10 Julio 2009
[17] Algún tiempo le tocó esperar en el andén de la estación, porque el tren venía con retraso. Las nubecillas del amanecer se habían ido disipando una a una. Al final solo quedaba un sol radiante, espléndido, abrumador. Don Ignacio se metió bajo la sombra, en tanto que pasaban, raudas y trazando círculos, las golondrinas. Detrás de la tapia blanca se elevaban las frondosas copas de los olmos, que formaban una línea paralela a las vías hasta la salida del pueblo. El lugar le hubiera parecido ameno si no asomara tanto hierro a su alrededor, tanta ferraille, como dicen los franceses, tanto vagón oxidado y locomotora abandonada en las esquinas. Se sentó en un banco de piedra junto a la pared. El andén estaba atosigado de pasajeros, que aguardaban el momento de partir con sus bultos, sus maletas y sus prisas. La cantinela de siempre; pero don Ignacio estaba harto de subir y bajar los peldaños de un vagón, para luego alojarse solo Dios sabía en qué posada o pensión. La vida del viajero había perdido todo su encanto a sus ojos. Ya solo pensaba en retirarse, cultivar algún huerto florido, reposar bajo la parra de un caserón sombrío, disfrutar de una conversación animada con el brillo de un vasico de vino o de cerveza rubia, que eran sus bebidas preferidas, aunque tampoco hacía ascos a una copita mañanera de brandy. ¿Qué opinaba de la propuesta del director del Ateneo, don José González Izquierdo? En realidad, no opinaba nada. Opinaba que el soporte económico del concurso no dependía de él, porque los dueños de su empresa no estaban acostumbrados a soltar la pela bajo cualquier excusa o motivo; más bien al contrario, el afán de impulsar el haber en detrimento del debe en la balanza comercial hacía prácticamente imposible que ese proyecto cultural prosperase. Cierto que don Ignacio poseía una labia admirable, pues sería capaz de convencer a las piedras si se lo propusiera, pero de ahí a persuadir a los jefes de que echaran mano a la cartera iba un paso muy grande, difícil de sortear.
De pronto, se pusieron en marcha los altavoces. Don Ignacio aparcó sus reflexiones para prestar atención: "El tren procedente de Madrid efectuará una parada de cinco minutos." El comercial de chocolates se puso en pie por ver cómo se acercaba la ruidosa máquina, dentro de cuyas fauces estaría su hija Andrea.
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9 Julio 2009
[16] A la mañana siguiente recibió el presidente del Ateneo a don Ignacio, el afamado comercial de chocolates. ¿De qué hablaron durante las dos horas que duró la reunión? No es fácil responder a esto, porque la reunión fue a puerta cerrada. Con todo, pude conocer algunas briznas de esta conversación top secret. Discutieron sobre el valor contante y sonante del premio, las fechas, los costes de publicidad, publicación y distribución de la obra galardonada, así como de las bases del concurso. ¿Y qué ganaría a todo esto el bueno de don Ignacio? La pregunta había quedado subyacente en más de una ocasión, pero el hábil director del Ateneo encontró un estímulo para su víctima, con el fin de que accediera a colaborar en las tareas pecuniarias del proyecto. Comunicó al comercial de chocolates que iba a formar parte del jurado, siendo nombrado o bien secretario, o bien tesorero, o bien presidente del mismo. Lo que no se figuraban ni uno ni otro era que con este nombramiento favorecían los intereses de doña Josefina, quien no deseaba otra cosa sino colocar a su amigo Calderón en un puesto clave del jurado con el fin de que la balanza del fallo se inclinara a su favor.
Como don José siguiera notando dubitativo al improvisado colaborador, le habló de una cena con los miembros del Ateneo (a la que él no podía faltar, por supuesto), de cierto homenaje a una figura de las letras guadalajareñas (donde él ocuparía un puesto de honor, por supuesto), y de un viaje programado a la capital de España (donde Ignacio tendría reservado su asiento, por supuesto) con el fin de velar por los intereses alcarreños frente a la rapiña de los diputados de las Cortes.
Al fin accedió el comercial a hacer todo lo que estuviera en su mano para que Guadalajara tuviese su concurso literario; y salió del edificio del Ateneo con algo de resquemor, pues no se le pasaba por alto que una vez concluido el protocolo de la visita a don José, tocaba acudir a la estación, donde iba a recoger a su hija Andrea, viajera del tren del mediodía procedente de Madrid.
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8 Julio 2009
[15] Don Ignacio trató de leer entre líneas la carta de doña Josefina. Esfuerzo vano, porque doña J.R. Álvarez no había pretendido comunicar sino lo que había dejado escrito con buena caligrafía, por cierto, pero también con algo de mala saña, porque ella sabía muy bien que en numerosas ocasiones había flirteado, cuando no coqueteado con su galán. Para ella el interés de la carta residía sobre todo en la post data, que era donde había soltado el anzuelo para que su pretendiente apechugara con los gastos del concurso que ella iba a ganar (con el beneplácito de un jurado hecho a su medida, claro está). Se preguntó don Ignacio qué sorpresa le aguardaba en la sede del Ateneo. Hizo sus especulaciones en el espacio de un minuto: ¿Se solicitaba su colaboración en la acogida de un escritor célebre, que estaría de paso por la ciudad? ¿Le encomendaban la revisión de los carteles taurinos de la temporada? ¿Contaban con su apoyo para la promoción del Ateneo en los pueblos castellanos? Pero una llamada repentina interrumpió estas elucubraciones. Se precipitó al aparador de la sala, donde estaba el aparato blanco y redondo como una caracola.
-¿Diga...?
-¡Papi...! ¡Que soy yo, Andrea! ¿Que cómo estás?
-¡Ah, hija...! ¿Eres tú?
-¡Pues claro que soy yo! ¿Quién iba a ser si no?
Poco a poco, Ignacio se repuso del susto. A esas horas (serían las diez en punto de la noche) no se esperaba la llamada de la mayor de sus hijos, que había sido fruto de su matrimonio con Rosario, mujer arisca donde las haya. Este matrimonio había terminado -ya lo dije en otra ocasión- como el rosario de la aurora. Ahora los hijos vivían en un pueblo de Madrid, en tanto que él seguía residiendo en Guadalajara, su rincón favorito de las Españas, a pesar del tremendo calor que hacía en verano; pero de esto tampoco se libraban, sin ir más lejos, los madrileños.
De resultas de aquella conversación, don Ignacio terminó enterándose -con embarazoso disgusto por su parte- que a su hija le habían dado las vacaciones, y que estaba contenta, muy contenta, y que aún no tenía novio, ni maldita la falta que le hacía, y que se había vuelto a pelear con su madre, y que de su hermano Ramón mejor ni hablar, y que había conseguido ahorrar unas perrillas, y que con ese dinero se presentaría al día siguiente (¿al día siguiente...?, repitió, aturdido, don Ignacio) en casa paterna.
El buen hombre carecía de márgenes de maniobra. Sabía por experiencia que la voluntad de su hija iba a misa. Así que, resignado, empezó a hacerse a la idea de una convivencia con el elemento femenino durante, pongamos... ¡dos o tres semanas! Hasta que Andreíta se aburriese de la vida en Guadalajara, y del mismo modo que había tomado el camino de ida, tomaría el de vuelta.
Cuando colgó el teléfono no le quedaban ánimos para seguir elaborando teorías sobre los motivos de la desabrida carta de Josefina. Eso sí, antes de meterse en la cama tomó la resolución de presentarse en el Ateneo, a ver qué nuevas traía don José González Izquierdo.
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7 Julio 2009
[14] A los pocos días recibió don Ignacio en su domicilio de Guadalajara la carta que doña Josefina le había enviado como respuesta a la suya. Decía así:
"Apreciado don Ignacio:
He recibido con cierta tribulación su carta fechada el... No puedo sino sentirme confundida, por no decir desengañada, con el contenido de la misma. Usted me ha causado un profundo desasosiego. Parece no haber comprendido que mi corazón se da por entero a la memoria de mi Casimiro Díaz, que en paz descanse. Apenas han pasado seis meses desde que le dimos sepultura, cuando usted se atreve con sus impertinencias a mancillar el recuerdo de mi difunto esposo poniendo en duda mi integridad moral y humana.
Señor don Ignacio, las libertades de confianza que nos habíamos tomado en el Ateneo obedecían todas al juego de la Literatura, cuya lectura de los clásicos compartíamos y celebrábamos con idéntica pasión. Pero solo se trataba de eso: una pasión común por los libros. Jamás hubiera creído que usted había querido llevar más lejos nuestra relación. Jamás hubiera pensado de una persona tan respetable como don Ignacio que su propósito era hacer de mí el objeto de su idilio y viles pasiones. Esto va mucho más allá del recato y la decencia debida. Esto no se puede consentir, ni yo lo voy a tolerar, aunque solo sea por guardar el debido respeto a la memoria de mi esposo.
Por consiguiente, le ruego considere su carta como si no la hubiera escrito, y dé por supuesto que por mi parte JAMÁS la he leído. Así pues, pasemos por alto este tropiezo suyo y continuemos compartiendo esa pasión que nos une: la pasión por los libros.
Reciba un afectuoso saludo de su amiga, Josefina Rubio Álvarez, que tanto lo afecciona.
P.D.: Le invito a pasarse por la sede del Ateneo. Su presidente, don José González, me acaba de notificar que guarda para usted una propuesta interesante."
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3 Julio 2009
Esta foto es cortesía de José, de su estupendo blog sobre Valencia y sus pueblos
[13] Encontró Josefina Rubio a don José González Izquierdo, presidente del Ateneo, enfrascado en una conversación con Álvaro Montilla, insigne poeta y periodista de la comarca. Ya los rayos oblícuos del sol se colaban por los grandes ventanales. La tarde languidecía sin pena ni gloria, como tantas tardes que pasan desapercibidas en los calendarios.
Se instaló con ellos en torno a una mesa redonda, llena de periódicos y revistas, en uno de esos sillones de terciopelo rojo, cómodo y blando como un oso de peluche que envuelve con maternal abrazo a sus huéspedes.
-Buenas tardes, Josefina.
-Buenas tardes tengan ustedes.
Hubo efusivos apretones de manos. La dama lanzó una mirada furtiva a don Álvaro, a quien había tomado de repente como un rival del galardón que ya daba por adquirido, aunque aún no hubiese compuesto ni la primera línea del poema laureado. No obstante, decidió que no había tiempo que perder.
-Señor don José -anunció-, he pensado que la villa de Guadalajara carece de un concurso de poesía que dé lustre a su nombre. ¿Cómo puede ser esto? ¡Hay que lanzar ya mismo las bases de un Certamen Internacional de Poesía!
Los dos caballeros se la quedaron mirando con expresión entre divertida y aterrada. Al fin se decidió a contestarle el director del Ateneo.
-¡Ah, Josefina! Tengo una carta para usted, la hemos recibido esta misma mañana (don José le entregó un sobre blanco, apenas manchado por la letra de don Ignacio, que era el autor de la misiva. Doña Josefina la recogió con aire desenfadado, apenas dedicó una mirada distraida al nombre y señas del remitente). Lo que usted propone está muy bien, Josefina. Un premio así dará fama y renombre a la villa de Guadalajara. Ya hace algunos años tuvimos la misma idea. Incluso elaboramos un proyecto que enviamos al departamento de cultura del ayuntamiento. Pero la iniciativa no prosperó porque el encargado de publicaciones del consistorio no nos dio el visto bueno para la cesión de los fondos necesarios, y tampoco encontramos a un espónsor que asumiera los gastos del concurso. En fin, que no se pudo hacer nada.
Los dos hombres se miraron, cómplices y divertidos por desbaratar las ilusiones de tan alta dama. Pero doña Josefina no se iba a dejar desmontar tan fácilmente. Comenzó a mover la carta de don Ignacio a guisa de abanico:
-¿Que no tenemos espónsor, me cuenta...? ¿Y qué me dice de don Ignacio Calderón Ibáñez? ¿No trabaja para la marca de chocolates La Campana? ¡Muy bien puede él convencer a los de su empresa para que pongan el dinero que haga falta sobre la mesa del Ateneo!
-Don Ignacio Calderón... -el presidente del Ateneo parecía dubitativo.
-¡Ah, don Ignacio! -exclamó Álvaro Montilla, el poeta-. Este hombre siente, al igual que nosotros, el cosquilleo de las letras. No en vano, ha colaborado en periódicos donde yo también he tenido el honor de publicar algún que otro trabajo. Josefina ha dado con el hombre ideal; solo falta convencerlo para que nos ayude a reunir los fondos necesarios para la concesión del premio y la publicación de la obra ganadora.
Al cabo de cinco minutos durante los cuales se apuntalaron las bases del certamen y se estableció un plan de operaciones para conducir a buen puerto el proyecto, se dio por sentado que también Guadalajara jugaría su papel en el panorama de las letras españolas. Solo entonces Josefina mostró algún interés por el contenido de la carta. Se dispuso a rasgar el sobre allí mismo.
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2 Julio 2009
2 jul 2009 | 03:39 PM
Hoy ha saltado una buena noticia: en 2011 renault comercializará un automóvil completamente eléctrico a un precio normal, comparable con el de los otros coches que contaminan: 6 horas de recarga, 150 km de autonomía y baterías de sustitución para cuando hagamos viajes largos (la operación de cambio de batería dura 3 minutos).
NO VALE LA PENA COMPRAR EL COCHE ACTUAL. HAY QUE ESPERAR LOS NUEVOS MODELOS ELÉCTRICOS.
El máximo responsable de las ventas del grupo reconoce que la falta de confianza ha provocado el desplome de las ventas
JULIO G. CALZADA | VALLADOLID
Armando García Otero, ante el nuevo Mégane coupé. / J. G. C. «El coche eléctrico es el futuro, es un cambio, una auténtica revolución en el automóvil y Renault va a estar a la cabeza», aseguró el director general de Renault Comercial S. A. (Recsa), el vallisoletano Armando García Otero durante el acto de presentación oficial en España de los dos nuevos vehículos del modelo Mégane que se comercializarán a partir del 14 de noviembre próximo y que se fabrican en la factoría palentina de Villamuriel de Cerrato. El futuro del coche eléctrico y la viabilidad de la factoría de Montaje de Renault en Valladolid, donde se montan los modelos Modus y Gran Modus será analizada hoy en la reunión convocada en el Ministerio de Industria con presencia de representantes de la multinacional automovilística y de la Junta de Castilla y León. García Otero destacó que la compañía ha anunciado recientemente el lanzamiento «masivo» de vehículos eléctricos en Portugal, Dinamarca, Israel, Japón y Estados Unidos a partir del 2011. Además del acuerdo suscrito en Francia con el Gobierno para la fabricación de dos modelos de estas mismas características y convenio suscrito con la suministradora eléctrica EDF para que monte la infraestructura de instalaciones y baterías para estos turismos. «Es un coche que antes o después se venderá en España, y es mejor que se fabrique en España», añadió. El máximo responsable de la comercialización de los turismos de Renault manifestó además que la salida al mercado del nuevo producto supone «un día importante para Renault y para el mercado del automóvil, porque Mégane ha sido líder de ventas cuatro años seguidos y este año también se ha comportado bien». Armando García resaltó que este turismo, que será fabricado sobre todo en Villamuriel de Cerrato, «es el corazón de nuestra marca y destacó que de los seis modelos que se comercializarán, el 48% lo representa el berlina, seguido del 12% que supone el cupé, precisamente los dos presentados en la noche del lunes en Madrid.
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2 Julio 2009
El cinismo de los gobernantes alcanza su paroxismo cuando lanzan campañas publicitarias para que ahorremos energía, ahorremos agua y pongamos -entre todos- nuestro granito de arena en la preservación del medio ambiente. Este tipo de publicidad me choca, en primer lugar porque tratan de persuadir, de dar consejos como lo haría un abuelo con su nieto para que se porte bien en la escuela y no dé disgustos a su madre. ¿Acaso somos nosotros, los ciudadanos de a pie, criaturas traviesas, necesitadas de los amables consejos de un Estado bienintencionado? ¿O bien son ellos, los Grandes del Poder y de la Industria, quienes, lejos de predicar con el ejemplo, inducen al resto de la población a cometer las fechorías de siempre?
Cada consejo que nos da la publicidad se desvirtúa cuando miramos la realidad de frente:
"No desperdicies el agua". ¿Y qué decir entonces de los campos de golf promovidos por los gobiernos regionales en zonas amenazadas de sequía? ¿Qué decir del despilfarro del agua en los campos de cultivo, que no utilizan los adecuados sistemas de goteo?
"Realiza ejercicio. Muévete. Procura hacer vida sana." ¿Y por qué no prevén pistas ciclables en las ciudades? ¿Por qué aislan la vegetación en zonas endebles y raquíticas? ¿Por qué consienten que los supermercados se llenen de alimentos precocinados de muy dudosa calidad?¹
"No contamines tu ciudad. No contamines el campo. No contamines los ríos. No contamines los mares." ¿Y por qué se permite entonces que la industria del plástico cometa tantos abusos?² ¿Por qué no se ofrece una alternativa eficaz a los medios de transporte que contaminan? ¿Por qué no se purifican las aguas sucias justo antes de verterlas en el mar o en los ríos? ¿Por qué se autoriza la construcción en los terrenos que han sido devastados por los incendios?
Y ahora es cuando aplicamos la máxima: "Haz lo que yo te diga, pero nunca lo que me veas hacer."
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¹Sabido es que los alimentos precongelados se venden al peso. Los fabricantes, para hacer economía de ingredientes y ahorrar con ello dinero, añaden cantidades notables de sal (puesto que la sal posee un peso interesante con relación a su precio), y para disimular el gusto de esta sal excesiva, añaden luego ¡azúcar!, que también tiene su peso, por cierto.
²En una reunión de amigos se distribuyen pastelitos y chocolatinas. En lugar de aparecer estos dulces en una bandeja, los encontramos en envoltorios individuales, dentro de sus plásticos y fundas respectivos. En esa misma reunión nos sirven las bebidas en vasos de usar y tirar. Y nos sonamos con pañuelos de usar y tirar. Y para mantener, en fin, la cocina limpia ya no sirven los trapos, sino unas bayetas también de usar y tirar. ¡Qué despilfarro si todo lo convertimos en un continuo usar y tirar!
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1 Julio 2009
¿Por qué esa manía de considerar inadecuado el uso del masculino? Hace un montón de años (no sé si esto ya no es válido) aprendí que el femenino era el término marcado y que, por tanto, excluía al masculino.
¿Qué ventaja nos aporta el querer cambiar esto? La única solución sería repetir siempre los sustantivos, en masculino y en femenino y esto me parece una pérdida de tiempo. ¿No era precisamente "la economía del lenguaje" una de las cosas que hacían evolucionar a un idioma y que contribuía a perfeccionarlo? Pues, decir "estimados ciudadanos y ciudadanas: los diputados y diputadas pensamos que los trabajadores y trabajadoras y sus hijos e hijas..." no solo resulta antieconómico sino ridículo.
No sé que opinarán los demás pero yo seguiré sintiéndome aludida cuando escuche que "a los españoles les gusta discutir" (aunque no hayan dicho explícitamente que esto también les gusta a las españolas".
Un saludo,
Isabel
Fuente del texto: Isabel García Pérez , en un mensaje enviado en el foro del http://www.cvc.cervantes/foros el 28 de octubre de 2004.
P.D. Sin duda se han dicho muchas cosas sobre este tema, algunas más afortunadas que otras. La intervención de Isabel a mí me parece justa, por eso no dudo en compartirla con vosotros trayéndola aquí.
servido por Jo
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