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La Coctelera

Categoría: Fragmentos

3 Julio 2011

http://issuu.com/turriano/docs/va_n_12

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Con el número que nos ocupa, Visiones de la Antigüedad se despide temporalmente hasta septiembre, motivo por el cual os ofrecemos este mes ración doble de contenidos. Todo sea por el bien de nuestros queridos lectores.

Abriremos la batería de artículos con dos aportaciones de Miguel Ángel Maca: la primera centrada en la figura del aventurero Percy Harrison Fawcett, mientras que la segunda tratará de las peculiares contingencias a las que se enfrentaba Stephen Tripp, el coordinador de la ayuda de Estados Unidos a países extranjeros afectados por catástrofes, en Mr. Catástrofe.

Tal como viene siendo habitual, Deralte nos brindará tres artículos que a buen seguro gustarán al lector. El primero, Niños tristes, habla de los grandes contrastes que hay de un sitio a otro del globo, y lo mucho que puede cambiar la infancia de los niños por vivir en uno u otro. Con El primo Truman y el tío Che, Deralte nos habla de una pequeña “leyenda” familiar que se mezcla de manera irremediable con el famoso Truman Capote. Por último, en Bailando Palo de Mayo con Miss Jane en Greytown, recordará su viaje al poblado de San Juan del Norte.

Así mismo, José Ramón Miranda trae una nueva entrega de Rincón Literario, Willy, narrada con su incuestionable calidad literaria. En el tema del mes, Abanico de Extravaganes, comentará un pequeño fragmento del Diario de Teruel del 20 de octubre de 1994, en el que se habla de un alcañizano, Antonio Molías Romero. Por último, en Viento de Bombardino, con Prohibido ser pobre, pondrá al descubierto las evidentes intenciones de los políticos en relación a los desafortunados vagabundos.

Joaquín Martínez, en La Ñ del Profesor, nos deleitará con tres artículos más. El primero, una pequeña lección sobre lo que el ser humano hace con este planeta, con El niño autista. Acto seguido, en Un negocio redondo: jugar con la salud de la gente, se pone de manifiesto una verdad aterradora: los que mandan quieren regular la población a cualquier precio. Finalmente, en Los Prosistema, remarcará los puntos principales que un defensor del sistema actual porta con sus ideas.

Óscar García, en Tejiendo Agua, viene este mes con dos artículos bastante diferentes entre sí. El primero, Naturaleza Ajena, es una pequeña reflexión sobre sus propias vivencias, y que se centra en la enorme diferencia que hay entre vivir en el campo y en la ciudad. Con Ciclo, el segundo texto, apuesta por una línea más abstracta y críptica, de libre interpretación.

Alejandro García Alamán, cumpliendo con lo prometido, pondrá el broche final a los dos últimos artículos de los cuales hemos publicado sus respectivas primeras partes. Así pues, el lector podrá disfrutar de Pedro Téllez Girón, el Gran Duque de Osuna, Last Action Hero (II) y de La Guerra de Flandes (II). No se pierdan el desenlace.

Jim Alegrías, en esta ocasión, siempre sorprendiendo, nos acerca la figura de uno de sus autores favoritos: Ray Bradbury.
¿Los comics son demoniacos? La respuesta en la segunda aportación titulada Batman, la serie de televisión más camp.

Y, como es habitual, también podréis encontrar en este número una variada selección de las noticias más interesantes del panorama internacional, científico e histórico.

Nº 12 de Visiones de la Antigüedad.

11 Junio 2011


Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.

La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio.

Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:

el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;

en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;

la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;

el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;

la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;

se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega;

en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;

los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;

los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;

los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;

los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;

la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;

la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;

nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;

el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;

la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;

nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;

los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;

los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;

la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;

la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;

la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;

una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;

en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;

la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;

la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;

serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;

los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;

seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;

la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.

30 Mayo 2011

http://issuu.com/TURRIANO/docs/va_n_11

Junio, un mes caluroso, entrada del verano, en el que Visiones de la Antigüedad vuelve a la palestra con contenidos de calidad e interés. Porque si hace calor, nada mejor que una buena lectura a la sombra...

En este número, damos la bienvenida a una nueva colaboradora, Laura, que contribuirá a la publicación con fotografías realmente magníficas. Como podréis comprobar al hojear la revista que nos ocupa, en el sitio menos pensado os toparéis con estampas idílicas de la naturaleza.

A continuación, y después de someter a interrogatorio a Miguel Ángel Maca, codirector de VA, os traemos la pertinente entrevista. Una buena oportunidad para conocer en profundidad al cerebro original de este proyecto. Será él mismo, páginas después, el responsable de brindarnos el artículo Los últimos años de Ike, centrado en el expresidente Eisenhower.

Por si fuera poco, Deralte trae este mes tres artículos muy distintos entre sí. El primero hablará de Knut Hamsun, el peculiar escritor noruego que decidió apoyar el nazismo a avanzada edad, en Knut Hamsun o la soledad el traidor. Acto seguido, en La parcialidad de nuestros premios literarios a la obra de una vida, nos revelará un más que evidente “favoritismo” por el producto nacional. Rematará su contribución con Algunes propuestes de cambies en el idiome castellane, cuyo título ya indica los derroteros por los que irá.

Acudiendo a la cita habitual, José Ramón Miranda trae una nueva entrega de Rincón Literario, Marisé. En el tema del mes, hablará de Quién fue Cuesta, un libro publicado en 1918 por el que nos hará un pequeño recorrido. Por último, en Viento de Bombardino, con Antihéroes necesarios, mostrará al lector la oscura verdad tras los infames “enemigos” de nuestra sociedad; los gobiernos los necesitan para que todo siga en su sitio…

Joaquín Martínez, en La Ñ del Profesor, nos deleitará con tres artículos más. El primero, una entrevista a don Gilberto León, un hombre del que deberíamos aprender muchas cosas. A continuación, en Los infiltrados, nos hablará de esos faltos ecologistas que esgrimen ridículas excusas para atacar a las energías limpias. Para finalizar, en La definición de historia, propondrá una manera más “amplia” de enfocar este concepto tan estrechamente vinculado a la evolución humana.

Óscar García, en Tejiendo Agua, nos brinda este mes una reflexión en clave de humor, con Un tabú absurdo, en el que analiza el doble rasero con el que se trata el sexo en nuestra sociedad. Por un lado la represión religiosa del pasado, aún viva en ciertos grupos, y por otro los escasos prejuicios del mercado a la hora de sexualizar lo que haga falta para vender un producto.

Alejandro García Alamán, el historiador de VA, trae este mes la primera entrega del periplo de Pedro Téllez Girón, el Gran Duque de Osuna, Last Action Hero (I) The Rise. Todo un personaje, con nada más y nada menos que Quevedo a su servicio. Como apunte, la segunda entrega de La Guerra de Flandes, artículo iniciado en el número de mayo, será publicada el mes que viene.

Jim nos propone en su bazar conocer de forma clara y distendida, la donosa y asombrosa historia del Palmar de Troya.

Y, como es habitual, también podréis encontrar en este número una variada selección de las noticias más interesantes del panorama internacional, científico e histórico.

Nº 11 de Visiones de la Antigüedad.

22 Mayo 2011

Os dejo un cuento escrito por Gabriel García Márquez. Ni qué decir tiene que es muy bueno.

 

Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?» Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido -lo sabe porque los ha espiado- no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche. El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.

A Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa. Pero no puede hacer gran cosa porque Hugo cortó los cables del teléfono, la casa está muy alejada, es de noche y nadie va a llegar. Ana decide poner una pastilla para dormir en la copa de Hugo. Durante la cena, el ladrón, que entre semana es velador de un banco, descubre que Ana es la conductora de su programa favorito de radio, el programa de música popular que oye todas las noches, sin falta. Hugo es su gran admirador y. mientras escuchan al gran Benny cantando Cómo fue en un casete, hablan sobre música y músicos. Ana se arrepiente de dormirlo pues Hugo se comporta tranquilamente y no tiene intenciones de lastimarla ni violentarla, pero ya es tarde porque el somnífero ya está en la copa y el ladrón la bebe toda muy contento. Sin embargo, ha habido una equivocación, y quien ha tomado la copa con la pastilla es ella. Ana se queda dormida en un dos por tres.

A la mañana siguiente Ana despierta completamente vestida y muy bien tapada con una cobija, en su recámara. En el jardín, Hugo y Pauli juegan, ya que han terminado de hacer el desayuno. Ana se sorprende de lo bien que se llevan. Además, le encanta cómo cocina ese ladrón que, a fin de cuentas, es bastante atractivo. Ana empieza a sentir una extraña felicidad.

En esos momentos una amiga pasa para invitarla a comer. Hugo se pone nervioso pero Ana inventa que la niña está enferma y la despide de inmediato. Así los tres se quedan juntitos en casa a disfrutar del domingo. Hugo repara las ventanas y el teléfono que descompuso la noche anterior, mientras silba. Ana se entera de que él baila muy bien el danzón, baile que a ella le encanta pero que nunca puede practicar con nadie. Él le propone que bailen una pieza y se acoplan de tal manera que bailan hasta ya entrada la tarde. Pauli los observa, aplaude y, finalmente se queda dormida. Rendidos, terminan tirados en un sillón de la sala.

Para entonces ya se les fue el santo al cielo, pues es hora de que el marido regrese. Aunque Ana se resiste, Hugo le devuelve casi todo lo que había robado, le da algunos consejos para que no se metan en su casa los ladrones, y se despide de las dos mujeres con no poca tristeza. Ana lo mira alejarse. Hugo está por desaparecer y ella lo llama a voces. Cuando regresa le dice, mirándole muy fijo a los ojos, que el próximo fin de semana su esposo va a volver a salir de viaje. El ladrón de sábado se va feliz, bailando por las calles del barrio, mientras anochece.

13 Marzo 2011

Lo que ha pasado y está pasando en Japón es grave, muy grave. Abogo por un cierre inmediato de todas las centrales nucleares del planeta. Algo de lo que iba a pasar ya lo predije en 2009 con mi libro Tribulaciones de un español en París:

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60. EL INFORME (I)

 

Las cosas ya iban mal cuando ocurrió lo del accidente nuclear en la frontera entre China y Mongolia. No iban mal. Iban muy mal. Por salvar la industria del automóvil (ya que a pesar de las ayudas gubernamentales, a pesar de los planes renoves que cada país promoviera, a pesar de las innovaciones tecnológicas, y a pesar de las bajadas de los precios de los últimos modelos fabricados, no lograba levantar cabeza desde el desplome de los bancos a finales de 2008), los diferentes promotores, inversores, industriales y aventureros de todo tipo se habían lanzado en una loca carrera por la puesta a punto del nuevo carburante que reemplazara al ya caduco petróleo, el cual amenazaba con agotarse más pronto que tarde. Y esta carrera por la obtención del combustible salvador, del carburante que iba a ser vendido por los siglos de los siglos, amén, sin tener que soportar la contrapartida de los gases nocivos para el medio ambiente, es decir, sin que los coches tuvieran que expulsar a la atmósfera el ―de repente― denostado CO2, trajo consigo una serie de transformaciones: se practicó al principio el cultivo con fines industriales (por aquello del famoso petróleo verde) en campos que antes habían servido para alimentar a las poblaciones y a las bestias con que se alimentaban estas poblaciones. Pero pronto se dio marcha atrás en esta alternativa, porque se vio que los perjuicios eran muy superiores a los beneficios. Se intentó luego crear una red de coches eléctricos, de manera que el conductor encontrara un lugar de recarga para su batería en numerosos puntos del mapa; pero esta urgencia por convertir la electricidad en el principal factor del desarrollo y mantenimiento de la industria del automóvil entró en dura competencia con otras necesidades no menos vitales para el hombre. En una palabra, el espectacular desarrollo de países tan densamente poblados como China o India supuso un notable incremento en el consumo de la electricidad. Y esta aceleración del consumo era difícilmente soportable por el planeta, cuyos recursos naturales no se iban a multiplicar de la noche a la mañana solo porque al ser humano le urgiera consumir más. A no ser que... Algunos gobiernos (entre ellos, el de Francia) encontró en esta coyuntura de penurias energéticas la ocasión de hacer su agosto, porque si conseguía exportar a estos países emergentes su tecnología nuclear, sus ingenieros y su precioso saber en materia de centrales, tal vez llegaría a recuperar el equilibrio monetario de las arcas del Estado, que amenazaba por aquel entonces con declararse en quiebra. Tan pronto surgió esta posibilidad, cuando ya los dirigentes y los industriales del sector energético estaban firmando contratos y acuerdos sobre la exportación de esta tecnología a China e India. El primero de estos países inició la construcción de varias centrales nucleares con el propósito de terminar cuanto antes tan magna tarea. Aconsejada por los técnicos e ingenieros franceses, China se creyó muy pronto capaz de levantar por sí sola la central que fuera la madre de las centrales, como ellos mismos la bautizaron, la más grande que jamás hubiera conocido el planeta Tierra. Pero de repente... en medio del fervor y del frenesí del popular país asiático, el cual comprobaba cómo sus planes de desarrollo salían a flote, sucedió la terrible tragedia: una de las centrales ―aún no había sido inaugurada― estalló, creando en una fracción de segundo una luz pavorosa que trajo consigo la muerte y la destrucción en el espacio de cincuenta kilómetros a la redonda.

25 Febrero 2011

Estoy leyendo y revisando mi novela Tribulaciones de un español en París, donde cuento cómo la humanidad camina lenta pero inexorablemente hacia su propio exterminio. Me parece que esta novela es de una vigencia cada vez más palpable. Os dejo aquí el capítulo que se refiere a los 7 pecados capitales. Me temo que hoy no habrá capítulo dedicado a Julia (¡qué le vamos a hacer, yo mismo caí en el pecado de la pereza!).

64. LA CONFERENCIA DEL SEÑOR PIERRE SAPIN

 

El anfiteatro era tan amplio como un pabellón de deportes, el suelo tenía una inclinación que se acentuaba en las gradas próximas a las dos puertas de doble hoja. Como fuimos de los primeros en llegar y a Louis y a su amigo les interesaba dar buena impresión a la profesora que estaría vigilando el movimiento de sus alumnos durante el coloquio, nos instalamos en las primeras filas, enfrente de la mesa rectangular con los micrófonos, los vasos y los botellines de agua para los conferenciantes. Pierre Sapin era un señor con lentes invisibles, calva brillante, chaqueta negra de pana con coderas y camisa blanca. No tendría más de 45 años. A su lado, el rector de la facultad y la profesora promotora del evento, quien se había encargado de contactar con el erudito para negociar un precio, una cita con los estudiantes y un tema que fuera digno de interés. El tema elegido había sido: Un estudio de la crisis actual y sus posibles remedios. Al principio me limité a escuchar las palabras del sabio, tal y como hacía Fadila, que se había sentado junto a mí y no tardó en mostrar el mismo interés que el resto de los asistentes, la mayoría estudiantes del establecimiento, si bien no faltaron periodistas acreditados, ni curiosos ajenos a la institución escolar o profesores procedentes de los edificios colindantes. Pero muy pronto le pedí a mi amigo un bolígrafo y un papel, y me puse a tomar apuntes, pues el discurso del señor Pierre Sapin me seducía sobremanera y quise dejar constancia de lo allí dicho…

 

Cuando, en el siglo VI después de Cristo, el papa San Gregorio I Magno dio a conocer los siete pecados capitales, que lo son porque de ellos se derivan otros muchos pecados, no porque supongan la condena en los infiernos, en realidad estaba enumerando los rasgos esenciales que definen la conducta humana, estaba adelantándose al futuro, a la vez que describía cómo han sido los hombres en el pasado. Aquella lista de los siete pecados no serviría para advertirnos sobre lo que no debíamos hacer, sino que pondría de relieve una manera de ser propia de la especie humana, un modo de actuar que caracterizaba a las sociedades de entonces y que sigue caracterizando ―más aún si cabe― al hombre moderno. Es decir, el papa Gregorio I realizó una profecía, anticipó con esos siete pecados que la humanidad iba a caer en la lujuria, en la gula, en la avaricia, en la pereza, en la ira, en la envidia y, por último, en la soberbia. Todo esto, ya sea junto o separado, terminaría siendo la causa de nuestra ruina, de nuestra perdición definitiva. No me refiero a una ruina y perdición alegóricas, ubicadas solo en la vida de ultratumba, sino a un suceso real, vigente, tangible. Veamos un poco más en detalle qué significan estos pecados capitales, que no lo son, sino rasgos que caracterizan a las diferentes sociedades esparcidas por el planeta…

Para Dante Alighieri, la lujuria implica un amor excesivo para con los otros, da lugar a una serie de pensamientos posesivos, que no se traducen necesariamente en la sed de amor carnal, sino que pretenden la anulación del otro, de quien se quiere obtener el sometimiento a la propia voluntad, henchida de un egoísmo sin límites.

La gula implica cualquier forma de exceso, no solo el deseo incontrolado de ingerir alimentos. Así, pensamos que la fiebre del consumo, que tanto caracteriza a la sociedad del siglo XXI, ese afán desmedido por consumir y acaparar todo tipo de productos no representa más que una forma avanzada de la gula.

La avaricia, como la lujuria, supone un cúmulo de pensamientos posesivos, pero aplicados esta vez al propósito de adquisición o amontonamiento de riquezas. Por la avaricia, se cometen faltas tan graves como la traición, la falsedad y la codicia. El avaro sabe utilizar para su propio interés el arte de contar grandes mentiras ocultas en pequeñas verdades. Un ejemplo lo encontramos en el modo de operar de la Banca: Es cierto que las entidades bancarias ofrecen ayudas; es cierto que prestan una cantidad de dinero y que el tipo de interés es éste y luego será aquél; todo lo cual redunda a favor de la verdad última: con el sueldo y con el trabajo y sudor de millones de incautos los banqueros se enriquecen y se seguirán enriqueciendo mientras se sientan respaldados por un Estado que concede a los poderosos su beneplácito, su complicidad, y pone a su servicio los mecanismos del poder, creados únicamente con el objetivo de garantizar y perpetuar la sumisión del pueblo.

La pereza alude ―según los teóricos de la Iglesia― a la incapacidad de aceptar y de hacerse cargo de la existencia en cuanto tal. La pereza es el miedo a los abismos, al cambio, a la novedad. La pereza es la que convierte a un grupo de entusiasmados emprendedores en unos vulgares y mediocres corderos, atentos solo a no separarse del rebaño, a seguir siempre los dictámenes ajenos. La pereza anula la originalidad de cada cual, impide que la creatividad que todos llevamos dentro salga a la luz, nos condena al borreguismo, a la simpleza de la mente, que se muestra incapaz de superar los límites que el miedo o la cobardía han fijado. La pereza es, por desgracia en el ser humano, una tendencia natural, contra la que ha de combatir a lo largo de toda su existencia; solo una serie de factores externos nos ayudan a reducirla al máximo, como son la obligación de trabajar en alguna parte o la educación recibida durante nuestra infancia, que nos aconseja no perder el tiempo. Pero ―y aquí es donde encontramos uno de los mayores problemas vigentes― nuestra sociedad de consumo fomenta, promueve, favorece la pereza bajo todas sus formas. Y esto es así porque como su nombre indica una sociedad basada en el consumo necesita antes que nada consumir, y para que haya consumo es preciso crear cuantos más productos mejor, aunque en el fondo estos productos sean inútiles, caros y perjudiciales para el planeta. En realidad, no son sino un mero reflejo de la pereza y de la cobardía que cada vez más atesoramos dentro de nosotros.

La ira ha sido definida como “un sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo”. Según sostienen los Padres de la Iglesia, es el único pecado que no necesariamente se relaciona con el egoísmo y el interés personal. De la ira se derivan acciones tan horrendas como el asesinato, la discriminación, el racismo y ―en casos extremos― el genocidio. ¿Cuántas veces los hombres se han dejado llevar por este sentimiento, que causaría vergüenza a una tortuga? El ejemplo más reciente lo encontramos con el pueblo de Israel, por cuyo odio profundo, convertido en ira, hacia el pueblo palestino, ha levantado un muro fronterizo, peor aún, ha bombardeado a las poblaciones civiles, sin reparar en el daño que con ello causaba.

Afirma Dante Alighieri en su Divina Comedia que la envidia es el amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos. Consiste, pues, en la constatación de un bien ajeno, ya sea moral o físico, del cual deseamos apoderarnos a toda costa, a la vez que intentamos despojar al otro de ese mismo bien. Desde un nuevo punto de vista, la envidia es el mecanismo que se ha inventado la sociedad para fortalecer los lazos de unidad. Me refiero a que el común de los mortales suele ver con malos ojos a quienes por una razón u otra sobresalen por encima de la media. Los ingenios notables solo son bien acogidos en tierra forastera porque los conciudadanos no ven en ellos sino rivales, alumnos aventajados, súper-hombres que actúan contra la medianía del grupo.

La soberbia, el último de los 7 pecados capitales, ha sido considerado como el más importante, ya que de él derivan los seis restantes. Se la define como “un deseo por ser más importante que los demás, fallando en halagar a los otros.” Implica una sobre valoración del YO respecto al resto de la sociedad, como consecuencia de haber superado un obstáculo, o alcanzado un objetivo o una situación o estatus elevado, del que carece el resto del mundo. En definitiva, los soberbios se creen superiores a todos en todo cuanto hagan o digan. Consideran que no tienen rival alguno, que son únicos, que ningún otro como ellos volverá a dejar una huella tan imborrable como la suya sobre la faz de la tierra.

Y aquí me detengo ―añadió el conferenciante, al tiempo que bebía un trago de agua― para hacer hincapié en nuestra sociedad francesa, que es la que mejor conozco y de la que mejor puedo hablar, qué duda cabe. Opino que en todas las sociedades y en todas las épocas y lugares del mundo se dan estos siete pecados capitales con menor o con mayor intensidad. Y si me preguntaran qué defecto caracteriza a la sociedad francesa de nuestro siglo, diría sin asomo de duda que la soberbia. Los poderes públicos adolecen de una crecida soberbia. Los medios de comunicación no transpiran más que soberbia por todos y cada uno de sus poros. El ciudadano medio francés se cree con derecho a juzgar, a menospreciar, a vituperar al resto de la humanidad, empezando por el vecino de al lado, a quien ya no soporta. La soberbia concede un valor especial a nuestros problemillas, hasta que estos adquieren la dimensión de tragedia nacional, y oculta o enmascara los auténticos problemas, los que conciernen al mundo entero y no solo al ciudadano medio francés. Esta soberbia es herencia directa del hombre europeo del siglo XIX, que sin ningún respeto ni consideración para con otras civilizaciones, zarpó hacia otras orillas para apoderarse de los tesoros escondidos en África, en Asia, en América, en Oceanía... Y ahora que el hielo se derrite en el polo norte querrán hacer exactamente lo mismo: expoliar, explotar, avasallar los recursos naturales como si estos se hallaran en la trastienda de su botica.

En aquel momento de la para mí interesantísima conferencia se levantó un energúmeno de su asiento, dando voces y gritando que se callara el señor Pierre Sapin, que no sabía sino insultar y mostrarse tan en contra de los intereses de la nación. El resto nos pusimos a abuchear al espontáneo; pero, por habernos dado la vuelta, caímos en la cuenta de que media docena de gendarmes equipados con cascos azules, porras y escudos transparentes había tomado posiciones en la última fila de butacas, muy cerca de la entrada. «¿Qué hacían esos ahí?», nos preguntamos todos de repente.

28 Octubre 2010

José Cadalso publicó sus Cartas Marruecas en 1774. En la carta LI ofrece una visión de los políticos que sorprende por su vigencia. Han pasado los años e incluso los siglos y la política no ha cambiado nada: es el mismo cuento, la misma patraña de siempre. O si no, lean con atención lo que nos dice este autor perteneciente al Siglo de las Luces.

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Carta LI

De Gazel a Ben-Beley

Una de las palabras cuya explicación ocupa más lugar en el diccionario de mi amigo Nuño es la voz política, y su adjetivo derivado político. Quiero copiarte todo el párrafo; dice así:

«Política viene de la voz griega que significa ciudad, de donde se infiere que su verdadero sentido es la ciencia de gobernar los pueblos, y que los políticos son aquellos que están en semejantes encargos o, por lo menos, en carrera de llegar a estar en ellos. En este supuesto, aquí acabaría este artículo, pues venero su carácter; pero han usurpado este nombre estos sujetos que se hallan muy lejos de verse en tal situación ni merecer tal respeto. Y de la corrupción de esta palabra mal apropiada a estas gentes nace la precisión de extenderme más.

»Políticos de esta segunda especie son unos hombres que de noche no sueñan y de día no piensan sino en hacer fortuna por cuantos medios se ofrezcan. Las tres potencias del alma racional y los cinco sentidos del cuerpo humano se reducen a una desmesurada ambición en semejantes hombres. Ni quieren, ni entienden, ni se acuerdan de cosa que no vaya dirigida a este fin. La naturaleza pierde toda su hermosura en el ánimo de ellos. Un jardín no es fragante, ni una fruta es deliciosa, ni un campo es ameno, ni un bosque frondoso, ni las diversiones tienen atractivo, ni la comida les satisface, ni la conversación les ofrece gusto, ni la salud les produce alegría, ni la amistad les da consuelo, ni el amor les presenta delicia, ni la juventud les fortalece. Nada importan las cosas del mundo en el día, la hora, el minuto, que no adelantan un paso en la carrera de la fortuna. Los demás hombres pasan por varias alteraciones de gustos y penas; pero éstos no conocen más que un gusto, y es el de adelantarse, y así tienen, no por pena, sino por tormentos inaguantables, todas las varias contingencias e infinitas casualidades de la vida humana. Para ellos, todo inferior es un esclavo, todo igual un enemigo, todo superior un tirano. La risa y el llanto en estos hombres son como las aguas del río que han pasado por parajes pantanosos: vienen tan turbias, que no es posible distinguir su verdadero sabor y color. El continuo artificio, que ya se hace segunda naturaleza en ellos, los hace insufribles aun a sí mismos. Se piden cuenta del poco tiempo que han dejado de aprovechar en seguir por entre precipicios el fantasma de la ambición que les guía. En su concepto, el día es corto para sus ideas, y demasiado largo para las de los otros. Desprecian al hombre sencillo, aborrecen al discreto, parecen oráculos al público, pero son tan ineptos que un criado inferior sabe todas sus flaquezas, ridiculeces, vicios y tal vez delitos, según el muy verdadero proverbio francés, que ninguno es héroe con su ayuda de cámara. De aquí nace revelarse tantos secretos, descubrirse tantas maquinaciones y, en sustancia, mostrarse los hombres ser defectuosos, por más que quieran parecer semidioses».

En medio de lo odioso que es y debe ser a lo común de los hombres el que está agitado de semejante delirio, y que a manera del frenético debiera estar encadenado porque no haga daño a cuantos hombres, mujeres y niños encuentre por las calles, suele ser divertido su manejo para el que lo ve de lejos. Aquella diversidad de astucias, ardides y artificios es un gracioso espectáculo para quien no la teme. Pero para lo que no basta la paciencia humana es para mirar todas estas máquinas manejadas por un ignorante ciego, que se figura a sí mismo tan incomprensible como los demás le conocen necio. Creen muchos de éstos que la mala intención puede suplir al talento, a la viveza, y al demás conjunto que se ven en muchos libros, pero en pocas personas.

30 Septiembre 2010

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Bienvenidos a Alalzada, el blog a la vez ecológico y literario. Aquí puedes encontrar los enlaces de la obra en descarga gratuita publicada por Joaquín Martínez Mamerí. Lorenzo Garrido es su seudónimo, se ha especializado en la redacción de cuentos.

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