Tengo un amigo invisible. Le había dado por que entráramos en aquella heladería. Pasemos a ver, me dijo, y si no ligamos con la chica, al menos nos tomamos una copa de frambuesa, avellana y chocolate. Yo la prefiero de coco y pistacho, repliqué. Nos colamos adentro, a ver qué daba de sí el local, que era estrecho, pero agradable, con colores vivos y mesas redondas de mármol. Esto parece jauja, dijo mi amigo invisible. Esto es una heladería, y la chica ya tiene novio, para que lo sepas. Nos acercamos a la barra con el aire inocente de quien no ha roto un plato en su vida. Mi amigo, con los pantalones de tela de saco, la camiseta salpicada de lejía y el pelo repleto de primavera, y yo iba vestido a lo capitán de la selva. La chica esbozó un gesto de amargura, disimulado por su servicio de atención al cliente, que debía de haber ensayado infinitas veces.
-¿Desea...?
Me quedé mirando al amigo invisible, a la espera de una salida acorde con las circunstancias. No dijo nada.
-Esto... ¿tienen helados de pistacho y frambuesa?
-Sí. ¿Para tomar aquí o para llevar?
Esta chica es más fría que los polos que vende, pensé. Mi amigo me dio un codazo. Quería que dijese algo amable y que diese la cara por él.
- Y... ¿cuánto valen?
-¿Desea una tarrina de sabores o dos bolas en un cucurucho?
Esta chica, me dije, siempre empieza por: desea... ¡Desea! ¡Desea!... Se me van a derretir los pensamientos con tanto desear en la vida. ¡Vamos!, di algo, insistía por lo bajo mi amigo invisible.
-Mejor un cucurucho.
-¿Grande, pequeño o mediano?
De repente, se me vino el mundo a los pies. Acababa de meter las manos en los bolsillos. Ni un triste céntimo con que apagar el incendio de mi deseo.
-Esto... He cambiado de opinión. Déjelo para otro día.
Y, agarrando a mi amigo invisible del brazo, salimos a la calle. Eres tonto, eres tonto... Me gritaba, el muy truhán. Estaba coladita por ti, se le notaba en los ojos. En aquel momento, un coche pasó pitando. Casi nos atropella. 35º grados a la sombra. Alicante mira hacia el mar. Creo que me voy a dar un baño.
(Continuará...)


lacazadoraderratas
16 sep 2008 | 10:08 PM
Jeje, me gusta esa idea del amigo invisible.
Tiene muchas posibilidades.
Joaquin
17 sep 2008 | 08:21 AM
Gracias por el comentario, si saco tiempo de alguna parte y si la inspiración no me abandona y si los lectores siguen tan invisibles como hasta ahora, espero llevar lejos, como dices, esta historia. Mi intención es motivar el interés, claro está, con una dosis in-ideal de sonrisas y espantos. Leí tu artículo de ayer, la del novio que cuenta su vida a través del teléfono. Malos tiempos para la lírica.
Un abrazo,
Jo
PD escribes divinamente, tal vez alguna editorial termine haciéndote caso, si todavía no te han publicado.
Tere Marin
18 sep 2008 | 07:59 PM
Este "diario o bitácora" de JO o de JO y QUIM además de que se lee a gusto , se puede leer en el orden que una quiera.
Yo los veo mientras leo, por Alicante,esa Alicante turística,playera, babilónica y golosa.
Saludos desde Argentina.
Tere Marin
Martín
19 sep 2008 | 08:38 PM
Está muy bien, pero me pregunto si yo no seré el amigo invisible de alguien.
Joaquin
19 sep 2008 | 10:26 PM
Hola Martín, si quieres te cuento entre mis amigos, aquí todos somos invisibles. Son cosas de la informática.
Jo
podenco
24 dic 2009 | 07:14 PM
Son divertisos los personajillos jeje toque triste y agobiado del que no ha vivido todo.
Jo
25 dic 2009 | 07:58 PM
Hola, Podenco, al principio publiqué este libro por entregas a través de este blog. Más tarde fue publicado por Eride ediciones:
http://www.nuevosescritores.es
Un saludo