Antes de comenzar el partido que se iba a disputar en el Estadio de Francia, a las afueras de París, dos artistas invitadas cantaron los respectivos himnos nacionales de Túnez y de Francia. El himno tunecino fue cantado en árabe y aclamado por un público expectante.

La TF1 retransmitía en directo el partido y sus comentaristas guardaron el silencio de rigor. Llegó el turno de La Marsellesa, que sería interpretada por una joven cantante, muy conocida dentro de los ambientes raperos.

Á les enfants de la Patrie... La artista llevaba una gorra verde y los televidentes no podíamos contemplar sus a buen seguro bellos ojos negros. Quería comenzar a entonar el himno nacional del país, pero unos pitidos cada vez más audibles de una parte de los aficionados que asistían al estadio se lo impedían.

La artista dejó pasar unos segundos de suspense, y luego (¿acaso no era ella la que tenía la voz cantante?) comenzó a entonar La Marsellesa en medio del fragor de los pitidos.

Toda la nación pudo oír el: À les enfants de la Patrie... mezclado con los pitidos y los abucheos. El comentarista de la tele se limitó a decir: Ceci se passe de commentaires (algo así como: me he quedado sin palabras).

El resultado del partido, que era amistoso, fue de tres a uno favorable a Francia. Pero hoy, un día después del encuentro, nadie menciona el resultado. Todo el mundo comenta los silbidos que acompañaron a La Marsellesa.

En la Sede del Gobierno, el presidente Nicolas Sarkozy ha convocado al presidente de la Federación Francesa de Fútbol para pedirle explicaciones (la reunión ha durado poco más de media hora).

En la Asamblea Nacional, la ministra (perdonad que no recuerde su nombre) acaba de decir que los partidos amistosos en que La Marsellesa sea silbada, serán suspendidos de inmediato. Algunas voces piden incluso que Francia no vuelva a jugar contra equipos que proceden de El Magreb.

En fin, los franceses (sobre todo los medios de comunicación y los medios gubernamentales) han puesto el grito en el cielo por el affaire de los silbidos en el Estadio de Francia.

Yo acabo de seguir un debate televisivo en el que se analizaban las declaraciones de los ministros y diputados, y se especulaba sobre las causas del incidente.

Y ahí es donde yo quería llegar. Las verdaderas causas del desapego de los tunecinos que viven en Francia hacia la bandera francesa no son las que estos señores de la tele pregonan: mezcla de fútbol y de política, fanatismo, inconsciencia colectiva, búsqueda de identidad...

Las causas por las que muchos extranjeros que viven en Francia pitan al himno nacional (y qué pena que ni el gobierno ni los medios de comunicación quieran darse cuenta) son las siguientes: los que somos extranjeros y vivimos en este país estamos hartos de que nos ninguneen, de que nos traten con un desprecio olímpico, de que las instituciones francesas sean tan cortas de miras que solo se ocupen de los problemas y de los asuntos y de las cuestiones de y por y para los franceses.

Porque (a ver si se enteran ya) las otras culturas NO francesas también tienen derecho a existir y a expresarse y a disponer de un medio que les permita SER en el suelo francés. ¡NO! al ninguneo institucionalizado.