El derecho a desplazarse libremente
Se comenta a menudo que lo que distingue a las democracias de otros regímenes políticos es el reconocimiento de las libertades y los derechos fundamentales, además del sufragio universal y la repartición de poderes. Todo eso está muy bien, y sería letra muerta si los ciudadanos no acudiesen a las urnas cada –pongamos por caso– cuatro años. Sin embargo –y aquí está el pero que a mí se me ocurre– las mal llamadas democracias continúan ignorando una serie de derechos que –no me importa que no aparezcan en los manuales– deberían constituir, con los otros derechos sí reconocidos, las bases de las relaciones humanas. Negar aquellos derechos supone privar de libertad a los individuos, perpetuar las desigualdades e injusticias sociales, escatimar la condición misma de ciudadano de a pie. En este artículo quisiera hablaros de un derecho fundamental y que los poderes públicos ocultan o manipulan a su antojo: me refiero al derecho a desplazarse, que debería ser universal y respetado por las instituciones. Pero no es así. Las personas que no pueden comprarse un coche, las personas que no pueden pagar un billete del AVE o del tren de cercanías de su ciudad, las personas que se juegan la vida cada vez que usan la bicicleta, estas personas, me pregunto: ¿no tienen derecho a desplazarse o a moverse por su entorno? ¿Por qué los poderes públicos las condenan a errar por unas aceras que, cuando se acaba la ciudad, desaparecen como si hubiéramos llegado al fin del mundo? Los que practican el senderismo han de subirse primero al coche para llegar a un lugar propicio, lejos del mundanal ruído. ¿Les parece esto normal? ¿Les parece lógico que quienes quieren andar tengan primero que subirse a un vehículo? Este argumento –el que nos hayan escatimado el derecho a desplazarnos– me basta para negar la existencia de una verdadera democracia: En tanto que se pongan trabas a la libre circulación de las personas, no ya a través de los países, sino dentro de las mismas ciudades y pueblos, seguiré pensando que ni vivimos en libertad ni –mucho menos– en un sistema democrático.






galako dijo
A mí me encanta recorrer los sitios a pie, es como mejor se conocen y la verdad, que en las grandes ciudades esto cada vez es más difícil.
Salut !!
30 Diciembre 2008 | 02:49 PM