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La Coctelera

alalzada

10 Febrero 2009

Diabólicas brujas, de Roald Dahl. 3. ¿Cómo reconocer a una bruja?

 

[4] Al día siguiente por la noche, después del baño, mi abuela me llevó al salón para continuar su historia.

-Hoy -comenzó diciendo-, voy a revelarte los detalles que permiten reconocer a una bruja.

-¿Sin equivocarse? -pregunté.

-No del todo -respondió-. Ahí está el problema. Pero esos detalles que te voy a revelar podrán serte útiles.

Dejó caer las cenizas del cigarro sobre su vestido, y deseé que ella no ardiera antes de haber hecho sus revelaciones.

-Lo primero de todo -dijo-, una bruja lleva guantes.

-No siempre -dije-. No en verano, cuando hace calor.

-Incluso en verano -dijo mi abuela-. Tiene que llevar guantes. ¿Quieres saber por qué?

-Claro -contesté.

-Porque una bruja no tiene uñas. Tiene garras, como un gato, y lleva guantes para esconderlas. Date cuenta de que muchas mujeres llevan guantes, sobre todo en invierno. Luego, este detalle resulta insuficiente.

-Mamá llevaba guantes -dije.

-No en casa -dijo mi abuela-. Las brujas llevan guantes incluso en las casas. No se los quitan para dormir.

-¿Cómo sabes eso, abuela?

-No me interrumpas continuamente -dijo-. Escúchame hasta el final. En segundo lugar, una bruja es siempre calva.

-¡Calva! -exclamé.

-Calva como un huevo -prosiguió mi abuela.

-¡Qué espanto!

-¡Repugnante! -dijo mi abuela.

-Si las brujas son calvas -dije-, es fácil desenmascararlas.

-Te equivocas -replicó mi abuela-. Una bruja siempre lleva una peluca, una peluca de primera calidad. Es prácticamente imposible distinguir su peluca de unos auténticos cabellos. ¡A menos que tiremos de los pelos!

-¡Eso es lo que haré!

-No seas tonto -dijo mi abuela-. No puedes tirar de los pelos a todas las mujeres que encuentres, aunque lleven guantes. Inténtalo, y verás lo que te pasará.

-Entonces, lo que me estás enseñando no me puede servir -dije.

-Ninguno de esos dos detalles es suficiente -dijo mi abuela-. Pero si los descubres reunidos en la misma mujer, se trata seguramente de una bruja. Date cuenta de que el uso de esta peluca presenta un serio problema.

-¿Cuál es el problema? -pregunté.

-Una irritación de la piel -contestó-. Si una actriz lleva una peluca, se la pone sobre su cabello, como tú y como yo. Pero una bruja se pone directamente la peluca sobre el cuero cabelludo. El envés de una peluca es siempre rugoso. Lo cual provoca una horrorosa comezón. Las brujas llaman a esto las cosquillas de la peluca. Pero no se refieren a unas simples cosquillitas.

-¿Hay otros trucos para reconocer a una bruja?

-Sí -respondió mi abuela-. Observa los apéndices nasales. Las brujas tienen apéndices nasales más anchos que la mayoría de la gente. El extremo de sus apéndices nasales es rosa y recurvado como una concha de Santiago.

-¿Por qué tienen tan anchos los apéndices nasales? -pregunté.

-Para oler mejor -contestó mi abuela-. Una bruja posee un olfato asombroso. Es capaz de oler a un niño que se encuentra en el otro extremo de la calle, en plena noche.

-¡No podría olerme a mí! -dije-. ¡Acabo de bañarme!

-¡Desengáñate! -exclamó mi abuela-. Un niño limpio huele horriblemente mal para una bruja. Cuanto más sucio estés, menos te olerá.

-Es absurdo...

-Y sin embargo, así es -dijo mi abuela-. No es la suciedad lo que huele la bruja, sino la limpieza! El olor de la piel de un niño da asco a la bruja. Este olor se expande por oleadas. Estas oleadas fétidas, como dicen las brujas, flotan en el aire y acaban golpeando sus apéndices nasales como una bofetada, ¡que les hace tambalearse!

-Oye, abuela...

-No me interrumpas -dijo-. Es así. Si no te has lavado durante una semana, tu piel está sucia. Entonces, evidentemente, las oleadas fétidas no se propagan con tanta fuerza.

-Nunca más me bañaré -decidí, al instante.

-No te bañes demasiado -dijo mi abuela-. Un baño al mes, es más que suficiente para un niño.

En aquellos momentos fue cuando más quise a mi abuela.

-Abuela -dije-. Si hace una noche totalmente oscura, ¿cómo percibe una bruja la diferencia entre un adulto y un niño?

-Porque la piel de los adultos no huele mal -contestó-. Sólo huele mal la piel de los niños.

servido por Jo 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

clarel

clarel dijo

jajaja, ahora este pobre niño no quedrá bañarse nunca mas que por otro lado es el sueño de todo niño.:-)
un beso!

10 Febrero 2009 | 09:46 PM

lasrecetasdeteresa

lasrecetasdeteresa dijo

Ja,ja,ja, veo al niño tirando del pelo a todas la señoras que vea ,haber si son brujas, como se las gasta la abuela, las historias que le cuenta, que miedo. Besitos.

11 Febrero 2009 | 12:27 PM

lacazadoraderratas

lacazadoraderratas dijo

Ah, muy bueno este relato, me encanta que la irrealidad entre a formar parte de la realidad.
Pero entonces ¿Embrujada no era una verdadera bruja?

11 Febrero 2009 | 03:14 PM

Camila

Camila dijo

Yo ya lei este libro, y no es tan malo.

19 Junio 2009 | 04:06 AM

Jo

Jo dijo

Nadie ha dicho que sea malo el libro, Camila. A ver si me animo, y un año de estos termino de traducir la obra.

Feliz finde y gracias por dejar un mensaje

20 Junio 2009 | 06:56 PM

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Charleville, Francia
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Mi pasión son los libros. Podía haberme dedicado a la pintura o a escalar montañas una tras otra. Lo que he hecho ha sido tenderme a la sombra de un membrillo y ponerme a leer. Uno de mis pasatiempos es abrir la página de un libro al azar y transcribir un fragmento. Esto es lo que voy a hacer ahora. Cojo el libro y... "En esto llegaron el señor de la casa, Marco Antonio y Leocadia, y a todos alojó en ella con mucho amor y magnificencia." Cervantes, Novela de las dos doncellas. Cátedra, letras hispánicas. clasificados
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