Roald Dahl. 3.- ¿Cómo reconocer a una bruja? (III)
Roald Dahl escribió un precioso libro para niños: 'Diabólicas brujas'. Hace un tiempo habÃa comenzado a truducirlo del francés a través de mi blog 'alalzada'; pero esta actividad quedó interrumpida. Ahora vuelvo a la carga, y en esta entrega de hoy encontraréis la última parte del capÃtulo tercero: "¿Cómo reconocer a una bruja?", donde la abuela del 'prota' termina de explicar a su nieto qué rasgos fÃsicos, que no espirituales, son los que definen a una bruja.
--------------------------------------------------------------------Â
[6]-Extremadamente incómodo -dijo mi abuela-. Pero aún asà los llevan.
-Luego, ¿ese detalle no me ayudará a reconocer a una bruja? -dije.
-¡En efecto! -suspiró mi abuela-. Puedes, si te fijas bien, reconocer a una bruja porque cojea ligeramente.
-¿Hay más detalles, abuela?
-SÃ, aún queda un detalle -contestó mi abuela-. Un último detalle. La saliva de una bruja es azul.
-¡Azul! -exclamé-. ¡Es imposible! ¡Ninguna saliva es azul!
-¡Azul arándano! -precisó.
-Es absurdo, abuela. Ninguna mujer tiene la saliva azul arándano.
-¡Las brujas sÃ! -replicó.
-¿Azul como la tinta?
-Exactamente -dijo-. Utilizan antiguas plumas y les basta con lamer la punta para escribir.
-Si una bruja me hablara, ¿podrÃa ver esta saliva azul, abuela, sà o no?
-Sólo si miras con atención -contestó-. Con mucha atención. PodrÃas ver un poco de azul en sus dientes. Aunque apenas verÃas nada.
-¿Y si escupe? -pregunté.
-Las brujas no escupen nunca -respondió mi abuela-. No se atreven.
Me costaba creer que mi abuela me estaba contando pamplinas. Iba a misa cada mañana, recitaba su oración antes de las comidas. Una persona cristiana nunca miente. Terminé creyendo todo lo que me habÃa contado, palabra por palabra.
-Eso es todo -dijo mi abuela-. Es toda la información que puedo darte acerca de las brujas. Te ayudará un poco. A primera vista, no se puede estar del todo seguro de que estamos en presencia de una mujer, y no de una bruja. Pero si una mujer lleva guantes y una peluca, si tiene un gran apéndice nasal y ojos de hielo y de fuego, y si sus dientes están ligeramente teñidos de azul... entonces, ¡escapa corriendo al otro extremo del mundo!
-Abuela, cuando eras pequeña, ¿te encontraste con una bruja?
-En una ocasión -dijo mi abuela-. Aquella fue la única vez.
-¿Y qué te pasó?
-No quiero decÃrtelo -contestó mi abuela-. Te asustarÃas y por las noches tendrÃas pesadillas.
-Por favor, cuéntame lo que te pasó -rogué.
-No -dijo-. Algunas cosas son demasiado horribles para ser contadas.
-¿Guarda una relación con el pulgar que te falta? -pregunté.
De pronto, los labios arrugados se cerraron como tenazas. La mano que sujetaba el cigarro (la que ya no tenÃa pulgar) se puso a temblar.
Yo esperaba. Ella ya no me miraba. Ya no me hablaba. Se habÃa encerrado en sà misma como un caracol dentro de su concha. La conversación habÃa concluido.
-Buenas noches, abuela -dije-, al tiempo que me levantaba del suelo y le daba un beso en la mejilla.
No se movió.
Dejé la pieza con sigilo, y me fui a acostar.







abril-ale dijo
Gracias por seguir con la traducción de la historia y brindárnosla.
Besitos y buen fin de semana. :)
22 Mayo 2009 | 06:14 PM