Ignacio Calderón Ibáñez, comercial de chocolates
[1] Ignacio Calderón Ibáñez acababa de cumplir cincuenta años, pero conservaba el vigor y la lozanía de la juventud. Trabajaba como comercial de la marca de chocolates La Campana, cuya sede se ubicaba en Guadalajara. Gracias a este oficio de representante concedía especial importancia a la imagen, pues la compostura galán y risueña que el bueno de Ignacio había sabido guardar favorecía sin duda el volumen de ventas. Don Ignacio Calderón era, en efecto, un hábil calculador, tan dueño de la palabra sugerente como del manejo del tempo que toda operación comercial requiere. No era fácil colarse por la puerta de un despacho, plantarse delante de un ceñudo caballero, dueño tal vez de una cadena de supermercados, y salir al cabo con un acuerdo bajo el brazo, por el cual los establecimientos de dicho caballero ceñudo se verían atiborrados de chocolates La Campana. Don Ignacio Calderón contaba en su haber una larga experiencia, un olfato exquisito para saber decir y callar a tiempo, un tino a la hora de evaluar las circunstancias, que hacían de él el agente más apreciado de la firma; y con este bien ganado prestigio, no era de extrañar que el jefe de ventas de la empresa lo enviara, maletín de muestras en la mano, a cualquier rincón de la geografía peninsular. Don Ignacio había recorrido cada una de las cincuenta provincias de que se compone el suelo español, visitado ciudades, admirado pueblos grandes y chicos, celebrado con los habitantes del lugar las fiestas y eventos de la comarca. Don Ignacio había conquistado algún nombre en el mundo de las letras: una vez ganada la confianza de los directores de periódicos y publicaciones locales, solía mandar a la estampa sabrosas crónicas deportivas, sagaces artículos de opinión, comentarios diversos sobre la situación aquende y allende fronteras.






lasrecetasdeteresa dijo
Hola Jo, bueno que me cuentas de este chocolate, cuando yo era pequeña mi madre nos lo compraba, y lo ponía bajo llave pues mas de una onza por día no podíamos comer, ya que las cosas no eran como ahora, que no nos privamos de nada. Besitos.
2 Junio 2009 | 03:26 PM