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La Coctelera

alalzada

2 Junio 2009

Ignacio Calderón Ibáñez, comercial de chocolates

 

[1] Ignacio Calderón Ibáñez acababa de cumplir cincuenta años, pero conservaba el vigor y la lozanía de la juventud. Trabajaba como comercial de la marca de chocolates La Campana, cuya sede se ubicaba en Guadalajara. Gracias a este oficio de representante concedía especial importancia a la imagen, pues la compostura galán y risueña que el bueno de Ignacio había sabido guardar favorecía sin duda el volumen de ventas. Don Ignacio Calderón era, en efecto, un hábil calculador, tan dueño de la palabra sugerente como del manejo del tempo que toda operación comercial requiere. No era fácil colarse por la puerta de un despacho, plantarse delante de un ceñudo caballero, dueño tal vez de una cadena de supermercados, y salir al cabo con un acuerdo bajo el brazo, por el cual los establecimientos de dicho caballero ceñudo se verían atiborrados de chocolates La Campana. Don Ignacio Calderón contaba en su haber una larga experiencia, un olfato exquisito para saber decir y callar a tiempo, un tino a la hora de evaluar las circunstancias, que hacían de él el agente más apreciado de la firma; y con este bien ganado prestigio, no era de extrañar que el jefe de ventas de la empresa lo enviara, maletín de muestras en la mano, a cualquier rincón de la geografía peninsular. Don Ignacio había recorrido cada una de las cincuenta provincias de que se compone el suelo español, visitado ciudades, admirado pueblos grandes y chicos, celebrado con los habitantes del lugar las fiestas y eventos de la comarca. Don Ignacio había conquistado algún nombre en el mundo de las letras: una vez ganada la confianza de los directores de periódicos y publicaciones locales, solía mandar a la estampa sabrosas crónicas deportivas, sagaces artículos de opinión, comentarios diversos sobre la situación aquende y allende fronteras.

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9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lasrecetasdeteresa

lasrecetasdeteresa dijo

Hola Jo, bueno que me cuentas de este chocolate, cuando yo era pequeña mi madre nos lo compraba, y lo ponía bajo llave pues mas de una onza por día no podíamos comer, ya que las cosas no eran como ahora, que no nos privamos de nada. Besitos.

2 Junio 2009 | 03:26 PM

abril-ale

abril-ale dijo

Jo, un abrazo fortísimo y un besito de chocolate, aunque no de Campana. :D

Rica semana para vos. :)

2 Junio 2009 | 06:26 PM

teremarin

teremarin dijo

Cuando vivíamos en San Sebastian (Pais Vasco) comíamos cholate La Campana de Elgorriaga....que casualidad ¿o no es este? y como dicen en los libros "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia"...
Un abrazo

3 Junio 2009 | 02:42 AM

Jo

Jo dijo

Hola. Teresa, en aquellos tiempos una onza de chocolate era mejor que una onza de oro, porque era difícil de obtener y se comía. ¡Qué tiempos aquellos!

3 Junio 2009 | 06:19 AM

Jo

Jo dijo

Hola, Abril, la semana se presenta calurosa, pero siempre acaba lloviendo por estos lares. A ti tambíen te deseo una rica semana.

3 Junio 2009 | 06:21 AM

Jo

Jo dijo

Sin duda, tomo el nombre La Campana de la realidad, pero estamos en la ficción, porque no creo que El Gorriaga tuviera su sede en Guadalajara.

Un abrazo,
Jo

3 Junio 2009 | 06:23 AM

lasrecetasdeteresa

lasrecetasdeteresa dijo

Bueno Jo tus tiempos ya eran diferente, no te compares. jajaja. Bueno ya veo que no tiene que ver nada con el chocolate la campana, estoy esperando el próximo capitulo. Besitos.

3 Junio 2009 | 01:41 PM

charlitox

charlitox dijo

Quién fuera don Ignacio!
Jo, cada vez que entro en tu blog tiene un diseño diferente...
Te decides?

Salu2

3 Junio 2009 | 10:03 PM

odys

odys dijo

Tolón tolón, a golpe de campana vende sus chocolates el señor Calderón :-)

Iniciamos trayecto.

14 Junio 2009 | 07:38 PM

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Mi pasión son los libros. Podía haberme dedicado a la pintura o a escalar montañas una tras otra. Lo que he hecho ha sido tenderme a la sombra de un membrillo y ponerme a leer. Uno de mis pasatiempos es abrir la página de un libro al azar y transcribir un fragmento. Esto es lo que voy a hacer ahora. Cojo el libro y... "En esto llegaron el señor de la casa, Marco Antonio y Leocadia, y a todos alojó en ella con mucho amor y magnificencia." Cervantes, Novela de las dos doncellas. Cátedra, letras hispánicas. clasificados
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