Un fragmento de época: Armando Palacio Valdés
Aquí os dejo un fragmento donde se aprecia un discurso machista en todo su vigor; la discriminación hacia la mujer se nota más por la situación en sí que por el lenguaje empleado, y si este lenguaje puede parecernos hoy 'sexista' no será por las razones que esgrimen los predicadores del lenguaje no sexista, quienes solo parecen preocupados porque las palabras terminen en -o o en -a (qué absurdo), o porque tal o cual vocablo suene mal a los oídos sensibles.
En este fragmento notamos cómo el escritor (y de paso la lengua que utiliza para expresarse) defiende las mismas causas que ellos, pero con argumentos válidos, utilizando los recursos de que dispone el propio idioma para denunciar unos hechos injustos. Jamás se le hubiera ocurrido declarar la guerra al castellano, solo porque algunos han decidido de la noche a la mañana tildarlo de sexista. ¿Acaso calificaremos al Quijote como un libro sexista, de la primera a la última página, solo porque no emplea los suficientes genéricos que debiera -según sostienen algunos- utilizar?
Su propósito, el propósito de Palacio Valdés, era mostrar la realidad cotidiana de entonces, y con esto le basta para referir las injusticias sociales. En ningún momento dirá que el lenguaje tiene la culpa, lo cual es absurdo se mire por donde se mire. El escritor denuncia con su simple testimonio las injusticias cometidas con las mujeres de aquella época de una manera muchísimo más creíble que como lo hacen estos pregoneros de ahora. Esto demuestra que el sexismo (como el racismo) no tiene que ver con el lenguaje en sí, sino con una cultura, unos prejuicios, unos intereses creados... Por consiguiente, yo les pediría a estos nuevos profetas de lo humano y lo divino que nos dejen en paz con sus 'genéricos' y demás apaños tan artificiales como artificiosos, porque los comportamientos machistas están mucho más que en las palabras, en los actos, y en cualquier caso la lengua en sí no tiene nada que ver con ellos.
Argumento de la obra:
Un hombre, que ha hecho fortuna en América, regresa al cabo a su pueblo y se va a vivir con su hermano Tomás, que tiene dos hijas y un hijo. El indiano se encapricha muy pronto de la mayor, Rosa, y solicita a su hermano la mano de su sobrina:
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-Ángela, di a Rosa que venga en seguida... Está en la huerta escogiendo avellana...
La fisonomía del indiano se nubló al pensar que iba a encontrarse frente a la joven. Por primera vez se le ocurrió que podía ser desairado. No tardó en presentarse Rosa.
-¿Qué me quería, padre?
-Saluda a tu tío, mujer... no te hagas la disimulada -profirió Tomás en tono de zumba, que rebosaba de alegría.
La joven quedó inmóvil y sorprendida.
-¡Vamos, picarona -dijo el padre sacudiéndola rudamente por el hombro-, que buen pájaro has atrapado!
-¡Yo!
-¡Sí, tú!... Ahí tienes a tu tío, que ya se entregó como un borrego... ¿Qué mil diablos le has dado a comer para sujetarle así por las orejas?
Y viendo que la chica le miraba cada vez con más sorpresa:
-¡Abre los ojos, tunanta... abre los ojos!... Acaba de decirme que quiere ser tu marido.
Rosa frunció repentinamente el entrecejo, y después de un instante de vacilación, en que temblaron sus labios, como para decir muchas cosas a la vez, dejó escapar estas palabras secamente:
-Falta que yo quiera ser su mujer.
Tomás soltó una carcajada estrepitosa. Acostumbrado a la salidas originales de su hija, pensó que ésta era una de ellas y la encontró muy chistosa.
-No se ría, padre, no se ría, que lo digo como hay Dios en los cielos; que no quiero.
El aldeano cortó repentinamente el hilo de su risa y se quedó extático mirándola.
-Vaya, vaya, chica... ¡qué me estás ahí cantando!
-Que no quiero.
-¿Que no quieres casarte con tu tío? -dijo clavándola una mirada aguda.
-No, señor, no quiero -dijo Rosa con firmeza.
Padre e hija se miraron un instante a los ojos. Tomás se puso extremadamente pálido. Un relámpago siniestro cruzó por su fisonomía. Después avanzó lentamente y, sacudiéndola por el brazo, le preguntó con ira mal reprimida:
-¿Por qué no quieres, di, por qué no quieres?
Rosa, atemorizada, bajó la cabeza; pero aún dijo con firmeza:
-Porque no me gusta para marido.
Apenas había pronunciado la última palabra, cuando su padre cayó sobre ella como una fiera; la volcó en tierra y se puso a darle coces con increíble ferocidad. Parecía golpear sobre una vaca.
Armando Palacio Valdés, El Idilio de un Enfermo, 1894



abril-ale dijo
Jo, lamentablemente esas escenas se repiten una y otra vez, más en el área rural. Chicas obligadas a casarse con el mejor postor, y de no aceptar son golpeadas salvajemente.
¿Sabés? Para mi eso también es un delito de violación, ¿por qué? Sencillo, porque al no querer la chica casarse con determinado individuo que prácticamente la está comprando, y consumar el acto sexual, es un acto de violencia física y psicológica hacia la chica y es una violación pues.
Debería estar penadas esas acciones y tipificarlas como violación. Pero eso es pedirle peras al olmo, no lo harán y difícilmente las chicas denunciarán esos abusos. Por eso la importancia de ROMPER EL SILENCIO y decir ¡¡Basta Ya!!
Abrazos de sábado.
27 Junio 2009 | 09:29 PM