Basura espacial localizada en órbita baja terrestre
Para muchos, el objetivo principal ha sido y sigue siendo obtener una ganancia económica. El dinero se ha convertido en la meca, el centro de interés, la aspiración máxima de todo ciudadano y ente público o privado que se precie: tanto las personas físicas como jurídicas viven por y para el dinero, transformado de este modo en la razón de ser, el elemento imprescindible de los tiempos que corren.
A partir de este dato, nuestra sociedad de consumo se caracteriza por el apetito voraz, insaciable, la absoluta necesidad de consumir cuantos más productos, mejor. Este es para mí el toro que habremos de coger por los cuernos, y a él nos enfrentamos. ¿Cuáles son los tres pilares de esta sociedad que nos caracteriza? Veámoslos uno por uno, a fin de poner de manifiesto los serios reparos que cada uno de ellos por separado, y los tres juntos, plantea.
1. Toda actividad humana¹ debe generar un movimiento económico, debe manifestarse a través de una operación de compra / venta. La idea consiste en reemplazar cualquier actividad que no sea rentable por otra que sí lo sea, y esto gracias a la participación de uno o varios intermediarios, los cuales posibilitan el despliegue de toda la parafernalia comercial. Ejemplos:
-Para desplazarse ya no vale caminar (esto no genera dinero alguno, salvo a la industria del calzado), sino que es preciso utilizar los medios de transporte, los cuales sí que generan un importante movimiento de capital. Además de esto, se crean falsos movimientos migratorios, con fechas de entrada y de salida: Está previsto que cada ciudadano sienta la obligación de preparar sus maletas para partir de vacaciones al menos una vez al año. Si no viaja a alguna parte, no se realiza como persona, no cumple su función social a la que ha sido destinado, como tantos otros, no favorece el desarrollo económico de la sociedad en que vive, etcétera, etcétera.
-Para comunicar ya no sirve hablar con la persona que está a nuestro lado; lo que ahora se pretende es meter en el bolsillo de cada quien un móvil, de manera que el simple acto de comunicar tenga un precio, un coste que deberá pagar cada cual de su bolsillo, nunca mejor dicho.
Pero comunicar es peligroso, puede, en todo caso, resultar peligroso, sobre todo para quienes manejan el poder. De este modo, los medios de comunicación han de ser controlados y dirigidos por grupos más o menos afines a los magnates financieros, los cuales suelen andar con las espaldas protegidas. Piénsese, si no, en los monopolios que se ejercen dentro del mundo de la comunicación.
2. Pero no basta con traducir cualquier actividad en un producto de valor económico, sino que el factor tiempo ha de ser manejado, manipulado, sometido a un imperio. Primero se crea la falsa necesidad de consumir, luego se crea la necesidad urgente de consumir; de este modo, se evita el peligro de que los grupos sociales recapaciten, reflexionen, y los acelerados consumidores pasan a ser un simple rebaño, privados incluso de la facultad de pensar. Los dueños del sistema capitalista debieron de suponer por motivos evidentes: «Controla el tiempo, y te harás dueño de las voluntades ajenas.» Por consiguiente, el calendario de cualquier ciudadano de a pie es sometido a riguroso planning desde las propias esferas del poder, puesto que lo divide en:
-Tiempo de rendimiento: en el que la explotación está más o menos a la orden del día, en función del puesto que se desempeñe y del país donde se ejerza tal o cual actividad.
-Tiempo de ocio: Aquí es donde el trabajador termina devolviendo (y con intereses) cada céntimo que la empresa se ha gastado con él para pagarle un salario. De ahí la obsesión de las campañas publicitarias por el control de tan precioso tiempo, al ser fuente de pingües beneficios: desde la marca coca-cola hasta la última película de los estudios Disney, se intenta sacar provecho de este inmenso cuadal monetario que representa el «tiempo de ocio».
3. El control total de la imagen. Aunque no lo parezca a primera vista, este elemento está directamente ligado con el anterior: la manipulación del tiempo. La imagen de cada uno depende de dos factores: el tiempo (pues todo cambia, nada permanece, y las personas también envejecemos) y los parámetros sociales que definen lo que es bello / feo o bueno / malo. La imagen siempre será una cuestión de moda. Pero para que la moda sea rentable ha de ser efímera. De este modo, los consumidores se ven en la obligación (por imperativo social) de cambiar de traje, cambiar de vestuario, cambiar de coche, cambiar de zapatos, ponerse a la última en cuanto a la tecnología se refiere (nuevos televisores, nuevas máquinas de café, nuevos ordenadores).
La imagen posee sus modelos, sus ídolos, sus patrones estéticos. Durante un tiempo se ha utilizado la figura de los famosos como el modelo a imitar por buena parte de los jóvenes y de los no tan jóvenes. Pero la industria de la cosmética ha descubierto la manera de sacar aún más tajada aprovechándose del factor tiempo: si en lugar de presentar unos modelos de carne y hueso, se difunde como ideal de belleza una edad determinada, la edad de la juventud, entonces millones de personas que se nieguen a envejecer se dejarán una fortuna por seguir pareciendo guapos, hermosos y hasta adorables. Denigrar lo viejo, lo antiguo, lo usado, es jauja, un negocio redondo para las empresas de la estética; por un lado, se produce la renovación y la sociedad de consumo se transforma en una gigantesca rueda que se alimenta a sí misma, y por otro, el tiempo se acelera, las necesidades se hacen urgentes: es imposible saltar a tierra y recuperar la calma, porque el tren que nos conduce a ninguna parte ha tomado al fin una velocidad de vértigo.
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¹Hasta del acto consistente en respirar se pretende sacar un beneficio económico: cuando alguien fuma un cigarro, es como si estuviera pagando por el simple hecho de respirar.


MERCHE DIAZ SANZ
13 ago 2009 | 08:55 PM
Completamente de acuerdo contigo Jo. Pero es que además según iba leyendo iba pensando ¿Esto es el progreso? o quizás sea el tenernos más sometidos, esclavizados, porque claro quieras o no tienes que entrar en el rol pues si no "eres un bicho raro" Pero yo creo que esto sirve para que cada vez dependamos más del capitalismo y estemos más consentidamente esclavizados.
Siento haber tardado tanto en hacerte un comentario pero ......más vale tarde que nunca.
Un beso enorme
vidasostenible
13 ago 2009 | 09:50 PM
Es fantástico tu artículo. Muy inteligente y cierto. Pero a pesar de todo hay una solución. Porque como dicen todo tiene solución menos la muerte. Y la solución a tantos problemas que se ceban con nuestra sociedad es el cambio de civilización, a una civilización cuyo emperador no sea el dinero, sino la espiritualidad. Ha habido muchas civilizaciones en las que ha reinado la espiritualidad, es decir, la religión, y no por esto han carecido de libertades o han sido tiranas. Tenemos que mirar la historia de otras civilizaciones para encontrar soluciones, no la historia occidental, porque nuestra civilización siempre ha ido por el camino equivocado, ya desde por lo menos la Edad Media. Hay que mirar en las grandes civilizaciones orientales del pasado (hindúes, budistas, por ejemplo) e incluso en algunas civilizaciones actuales que aún hoy no se guían por los valores materiales sino que están gobernadas por la espiritualidad y la ética que la acompaña (sociedades tradicionales africanas y asiáticas, por ejemplo).
El hombre necesita una vuelta a la espiritualidad, si hace falta a una religión, no importa cuál sea ésta o a una mezcla de religiones en una sociedad con libertad de cultos. La religión y la espiritualidad es lo que hace que el hombre regule sus actos, establece las normas éticas y morales, le da un sentido a la existencia del hombre y facilita que su alma evolucione por el camino correcto. No olvidemos, que en el fondo, todos somos almas. Podría hablar mucho sobre esto pero me quedo aquí, no quiero extenderme mucho...
teremarin
14 ago 2009 | 01:11 AM
Las masas consumidoras reciben órdenes en un idioma universal: la publicidad ha logrado lo que el esperanto quiso y no pudo. Cualquiera entiende, en cualquier lugar, los mensajes que el televisor transmite. En el último cuarto de siglo, los gastos de publicidad se han duplicado en el mundo. Gracias a ellos, los niños pobres toman cada vez más Coca-Cola y cada vez menos leche, y el tiempo de ocio se va haciendo tiempo de consumo obligatorio. Tiempo libre, tiempo prisionero: las casas muy pobres no tienen cama, pero tienen televisor, y el televisor tiene la palabra… Comprado a plazos, ese animalito prueba la vocación democrática del progreso: a nadie escucha, pero habla para todos. Pobres y ricos conocen, así, las virtudes de los automóviles último modelo, y pobres y ricos se enteran de las ventajosas tasas de interés que tal o cual banco ofrece.(El imperio del consumo de Eduardo Galeano)
Saludos
Jo
14 ago 2009 | 07:51 AM
Hola Merche, cada vez salta más a la vista que el progreso, tal y como lo entiende el sistema capitalista, se apoya en las injusticias y en las diferencias de todo tipo. Si no hubiera tercer mundo no habría países ricos, y viceversa. Eso lo dice todo. Contra esto hay que combatir.
Jo
14 ago 2009 | 07:56 AM
Estoy de acuerdo con la vuelta a una 'religión', entendida como una serie de valores vitales, que permiten la convivencia y la armonía. Lo malo es que con la religión también se ha pretendido hacer comercio, me refiero a las sectas. A mí me gustaba la sencillez de los pueblos indios (de la época precolombina) que basaban su modelo económico en un respeto total a la madre naturaleza.
Jo
14 ago 2009 | 08:02 AM
Hola, Tere, Eduardo Galeano tiene toda la razón. La vida cambia cuando nos ponen un televisor delante de nuestros ojos. Yo creo que cambia para mal. ¿Ves toda la basura que aparece en la foto del espacio? Pues es la misma que nos meten en la pantalla, cada minuto, cada segundo, y siempre en cantidades industriales. Yo tengo una tele, como últimamente el solo hecho de encenderla me ponía al cabo de cinco minutos de mal humor, ya rara vez la veo. Desde entonces he recobrado la serenidad y cierto equilibrio que echaba de menos.