La crisis financiera de la que se viene hablando en los últimos meses no es más que la punta del iceberg. El problema tiene una dimensión mayor que la del simple aspecto económico, con ser éste enorme, porque lo que está juego es el equilibrio mismo del planeta, de la vida en el planeta, mejor dicho. Existe una infinidad de indicios que así lo corroboran, y de hecho los dirigentes tanto públicos como privados (quienes actúan en la sombra, pero que acaparan tanto poder como el que más) se muestran más que inquietos, preocupados, porque saben que los hilos que manejan se les escapan, quedan fuera de control: la maquinaria se ha puesto a marchar por sí sola.
¿Y adónde se dirige esta maquinaria? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Se especulan hipótesis, se aventuran opiniones y contraopiniones. Tanto los ricos como los pobres tienen motivos de sobra para estar alarmados. Y es que el equilibrio artificial que el hombre se había fabricado en todo el planeta acaba de estallar en mil pedazos. Incluso los defensores del capitalismo admiten que este sistema, tal y como lo entendemos hoy en día, no presenta visos de perdurar. Pero el hecho de que los ricos empiecen a pasarlo mal a mí no me da ninguna pena, ellos se lo han buscado, la avaricia pudo más que sus propios intereses, y se han hundido -como los demás- en el fango. Más lo siento por los pobres explotados, por los que pasan hambre y frío a causa del egoísmo y la indiferencia de muchos. La verdad, la gran verdad, es que los promotores del dinero a ultranza han convertido su sistema en un monstruo que se devora a sí mismo, tal un cáncer que opera debajo del organismo que le sirve de cobijo.
Este sistema capitalista, con su principio de libertad de mercado, se ha creado un enemigo digno de su talla: el monopolio. El monopolio se ha introducido en todos los ámbitos del comercio (la distribución, la energía, la información, la vivienda...) hasta el punto de que ya no hay ‘libertad' sino servilismo, clientela, corrupción y abuso de poder. Ejemplos, a mares: las industrias del automóvil se concentran en unas cuantas marcas; el sector de las telecomunicaciones está en manos de unas pocas manos, valga la redundancia; la industria del acero es cosa de una o dos firmas, no más; los grandes comercios (tipo Carrefour) han terminado devorando a los pequeños comercios, de manera que la mayoría de las ciudades son ahora pueblos fantasmas, donde la vida pública se realiza en los grandes centros o en las zonas del casco antiguo.
El capitalismo siempre ha funcionado sobre la base del dualismo: existen ricos porque hay en contrapartida muchos pobres; si no hubiera el tercer mundo, no habría países desarrollados; al Norte se le opone el Sur, al Este el Oeste, a Oriente, Occidente. Pero este modo de funcionar, dualista, que ha sido y es fuente inagotable de injusticias, acaba de encontrar su límite: ahora la gran Europa y la gran América están obligadas a contar con lo que hagan y digan países como China o India, con sus dos mil millones de habitantes deseosos de consumir y gastar como el que más.
Desde el punto de vista geográfico, el equilibrio mundial también se ha roto: a consecuencia del cambio climático, se está abriendo una vía marítima en el Polo Norte. Como sucedía en la época colonial, los intereses en juego son enormes y las posiciones de los países aún no están establecidas. El conflicto entre Rusia y otros países, como Canadá, late bajo la fina capa de hielo, que se derrite cada día que pasa. Y andando, andando el tiempo, y si la cordura no toma la palabra, que no la tomará, vaticino un conflicto armado, cuyas fatales consecuencias están por ver.
Y como el equilibrio demográfico se desmorona, y el equilibrio geográfico se desbarata, el hombre rico, el hombre gordo, con su panza llena y su bolsillo colmado de plata, cae en la cuenta de que la Tierra no da para más, de que los recursos se agotan: Las reservas de petróleo se apuran, la disponibilidad de hierro, acero, cobre, etc. empieza a ser inferior a la demanda, los recursos pesqueros están seriamente amenazados, el desierto avanza, en tanto que la sequía se abate cada vez más sobre las plantaciones, saturadas por la sobre-explotación y el uso de pesticidas y de abonos químicos.
El hombre gordo le está viendo por fin las orejas al lobo, se ha dado cuenta de que su manera de vivir, su modo escandaloso de despilfarrar, no representa sino un monstruo que se devora a sí mismo.
Y por si fuera poco, por primera vez en la historia de la humanidad el gasto de reparación de los destrozos provocados por las catástrofes naturales: incendios, terremotos, diluvios, temporales, granizadas... es tan grande que hasta pone en peligro las finanzas: las compañías aseguradoras tiemblan, pues cuando no ocurre una calamidad de este tipo en el pueblo de acá, es porque ha sobrevenido en el pueblo de allá, a pocos kilómetros de distancia.
¿La solución? ¿Dar marcha atrás? ¿Repartir justicia en tantos sitios donde no la hay? ¿Modificar las reglas de la conducta humana, de modo que se dé mayor equidad entre los habitantes del planeta, aunque solo sea de forma momentánea, con el fin de reajustar los resortes de la máquina capitalista? ¿Acelerar otro poco el ritmo de vida, hasta caer todos en el precipio que nos espera al final del camino?
Vistas así las cosas, no puedo ser sino pesimista. Al hombre movido por el capital nunca le han importado las personas, solo se ha ocupado de los números. Hace tiempo que sepultó los sentimientos en la cámara del olvido. Como un autómata ávido de poder y de dinero, no tardará en ejecutar las maniobras necesarias para restablecer su siempre precario y cómodo equilibrio, un equilibrio basado en el abuso, el robo, el asesinato y la extorsión. Por eso opino que este hombre sin escrúpulos, fríamente calculador, juzgará que la situación en el mundo es comparable a la de una olla a presión: si no se le da una válvula de escape, termina estallando. ¿Y cuál será para este hombre capitalista la válvula de escape, a la que echará mano el día menos pensado?... La guerra. Pienso que nuestros dirigentes acabarán aligerando la carga que ahora soporta el mundo con una guerra de enormes dimensiones: es lo mismo que han hecho otras tantas veces a lo largo de la Historia: ¡Si la crisis no tiene remedio, que la resuelva un baño de sangre!


vidasostenible
14 ago 2009 | 05:05 PM
Qué triste el final de tu artículo pero que verdadero... Yo prefiero pensar que no se planteen esa solución :). Es demasiado cruel y bastante sufrimiento hay ya en el mundo.
charlitox
14 ago 2009 | 06:23 PM
Es evidente que el mundo necesita un cambio y tal vez esta crisis sirva para acelerarlo. Esperemos que sí, que no volvamos a caer en los mismos errores que nos han llevado a esto, aunque sin duda la salida es difícil. Qué ocurrirá??? Sólo el tiempo lo dirá...
Salu2
Jo
14 ago 2009 | 06:36 PM
Es verdad que el artículo es un poco duro, sobre todo al final, y que toma tintes alarmistas. Pero la realidad es más alarmista que yo, si nos fijamos. Ojalá y se produzca el tan ansiado cambio de mentalidades. Ojalá y los ciudadanos tomen las riendas de su destino, y no se dejen avasallar por los mangantes de siempre.
mi-jardin-secreto
15 ago 2009 | 02:39 AM
Jo, desgraciadamente concuerdo con vos en todo lo que acá exponés. Digo desgraciadamente, porque quisiera que fuese de otra manera, pero no. Y sí, al final nos espera más derramamiento de sangre, desgraciadamente hay muchísimas probabilidades que sea así. Gracias a...
¿Cambio? el cambio está en todos nosotros, pero para eso falta que depongamos la indiferencia, pensar que, lo que hoy pasa nuestro vecino, mañana lo podemos pasar nosotros. También conciencia y mucha unidad de todos los que no tenemos esas cuentas llenas en los bancos.
Rico fin de semana y muchos besitos a la distancia.
Jo
15 ago 2009 | 12:52 PM
Hola, Abril, hoy es festivo, día de la Asunción. El día está radiante y las calles, tranquilas. ¿Qué más se puede pedir?
Feliz finde
luism
1 ago 2010 | 05:57 PM
El monopolio, sí, fundamental. Y marx, cuando lo preveía mediante la acumulación de capital, era un visionario que también decía sandeces.
También, por Savater, término que utiliza mucha. Ve el mundo desde la cumbre, taurina.
Joaquín Martínez
1 ago 2010 | 06:35 PM
El monopolio es hoy la realidad que domina. El capitalismo es ahora el cortijo de unos cuantos.
luism
1 ago 2010 | 10:10 PM
Y los políticos, los capataces. Es curioso, nos ponen a pelear sobre los toros, la prostitución, los matrimonios homosexuales, etc., mientras, nosotros vetados, ellos regulan finanzas, economía, fiscalidad, exteriores y defensa. Y si nos parece poco veto, la UE con una estructura que se autoprotege con mayorías ultracualificadas o unaniminades.
Y como los capataces, analfabetos frente a los técnicos y sus galimatías, intencionadamente ininteligibles...
Joaquín Martínez
2 ago 2010 | 07:30 AM
Es lo mismo de siempre, el lenguaje se hace intencionadamente oscuro para preservar el robo y el pillaje. Y de este modo, convierten la palabra en un arma arrojadiza o en un escudo protector de sus intereses.