«Es el capitalismo, estúpido

La verdadera peste es el capitalismo, que de obvio que es parece necesario rematarlo con una imprecación como lo hacía Clinton en su campaña electoral.

La producción de medicamentos (y toda la medicina) no puede garantizar salud a la población si está pensando en rendir ganancias. La producción de alimentos no puede garantizar alimentar a la población si el objetivo es ganar dinero a toda costa con la organización de su producción. Hace 40 años EEUU criaba cerdos en un millón de granjas, y la cifra total de (esos) animales era de 53 millones. Hoy hay 65 millones criados en 65000 establecimientos, donde están hacinados y se les da de comer alimentos diseñados para su rápido (y caótico) engorde. Todo el ganado es alimentado en feed lots, los pollos se encierran y se los ilumina con luz artificial durante 24 hs. para que no tengan ‘ciclos' diurnos y engorden de continuo. Se les suministran hormonas y antibióticos que pasan a las personas (es común encontrar niños varones con mamas por alimentase a base de carne de pollo y con soja, que produce el mismo fenómeno: ginecomastia). Consecuencias de esta locura -precisamente- fue la aparición de la "vaca loca" por ser alimentada con carne y huesos molidos de oveja (mezcla que se comenzó a cocinar a menor temperatura por la crisis del gas), por lo cual una enfermedad privativa de la última pasó a la primera; y luego al humano. La mezcla de animales en condiciones de hacinamiento y de suciedad extrema, la idea de producir quilos de carne y no alimento de calidad, el desprecio por quienes trabajan en esos antros (y las condiciones en las que lo hacen) son un cóctel macabro cuyo resultado debería sorprender por lo escaso y tardío, pero debería quedar claro que esto no comenzó ahora, pero mucho menos termina con esta gripe.

La depredación del campo para la producción de soja -por un lado- y la desertificación producto del monocultivo de eucaliptos para pasta de celulosa -por otro- (para poner solo dos de los grandes disparates actuales) están destruyendo las ventajas comparativas de estas tierras para ‘aprovechar' la oportunidad de ganancia inmediata. Y si esto produce enfermedades, bien nuevas, bien extensión de las que estaban limitadas geográficamente cuando el ecosistema era sostenible, estará allí la Industria Farmacéutica para aprovechar la rápida ganancia que estos medicamentos produzcan, siempre y cuando alguien lo pague.

El camino es redefinir el mundo que queremos, y es un mundo en el que se trate de que la gente viva en él. Para eso el modelo no puede ser el de la ganancia si es que ella compromete la superviencia -precisamente- de la gente. La producción de alimentos no solo ha extremado una eficiencia ficticia (ya que produce en enormes cantidades pero hay cada vez más hambrientos) sino que su calidad es cada vez más desastrosa medida en función de alimentar humanos, a quienes enferma cada vez más y cada vez de un modo más diverso: ya no solo con aumento de peso, de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes, etc.; sino en destrucción del ecosistema, calentamiento global, estímulo para viejas y nuevas epidemias, contaminación ambiental, malformaciones congénitas (por esa contaminación) y desastres de todo tipo, todo por una producción que -insistimos- es en realidad mucho menos eficiente que la de escala adecuada a la dimensión humana.

La IF no puede estar en manos de quienes solo quieren vender al mayor costo posible medicamentos de valor discutible o pernicioso. El famoso oseltamivir (el Tamiflu robado por Donald Rumsfeld a la medicina tradicional, ya que su base es el anís estrellado patentado por la IF) perdió buena parte de su efectividad en función de su industrialización, pero se está convirtiendo en el mejor negocio de los últimos años (y ha hecho elevar los valores de la bolsa de Roche, en plena crisis mundial). En Argentina el tratamiento por cinco días (el mínimo que se acepta que serviría para algo, aunque aun no se sabe bien para qué) cuesta $130 a $150 (diez comprimidos, dos por día). Mientras tanto esta ‘pandemia' afectado a unas 7000 personas ha costado la vida de 65 personas en todo el mundo (hay que contar con que solo en EEUU cada año mueren 70000 personas por la gripe común) y aquí en Argentina mueren cada semana 10 personas por Chagas y cada hora y media se produce una muerte -por razones evitables, y no de un modo oneroso- de un niño menor de un año. Cada año mueren aquí 21.800 personas por mal uso de medicamentos, muchos de ellos poco menos que inservibles para otra cosa que para que la IF gane dinero.

Dejemos de mirar para otro lado. La enfermedad se llama capitalismo. De esto sí que moriremos todos.

Busquemos la cura.»

(Extracto aparecido en el blog de Egonz)