El inicio de la entrevista

[39] Comenzó la plática. A esta plática le estaba vedada el subirse por las paredes: no podía andar mucho trecho sin tropezar con el dique de la formalidad; no podía tocar algún tema sin sufrir el asedio del reparo. ¿Qué decir en tales circunstancias? ¿Por dónde salir triunfante? Lo mejor sería —concluyó Ignacio— no decir nada pareciendo que uno dice mucho: hablar al tun tun se ofrecía como la mejor alternativa en una charla aderezada con taza de café y pastelitos colocados en bandeja de plata sobre la mesita estilo persa.
Ya Josefina lo había previsto todo: hasta la luz debía mostrarse coqueta, infundir al ámbito un tono de amable confidencialidad. Y como era domingo por la tarde, el ruido de la plazuela se dejaría notar apenas; los vecinos dormitaban en sus casas. Una lámpara de pie blanca iluminaba desde un rincón con pálido fulgor de estrellas. También atisbó el comercial de La Campana una mecedora de rejilla, ¿cuánto tiempo reposaba en ese sitio, sin que nadie la balanceara?
—Cuéntame, Ignacio —dijo la dueña del lugar, al tiempo que llenaba la taza de su huésped. Le tembló un poco la mano—, ¿qué opinas de la conferencia de don José Manuel del Prado y Collado?
Don Ignacio esperó a que la señora tomara asiento en un antiguo sillón con almohadilla, reposabrazos de madera de haya y tapizado de velur rojo burdeos; tras lo cual respondió:
—No estuvo mal. Quizás, algo comedida, porque el señor conferenciante no quiso tocar los temas de la actualidad; de la política, quiero decir. Se limitó a hablarnos de los novelistas del siglo XIX, Clarín y compañía. ¡Ah, esos temas ya no interesan hoy en día! Ahora lo que enardece al público son las elecciones de octubre; el cambio de gobierno que se avecina; el porvenir de una España fragmentada en 17 autonomías, que habrá de integrarse en Europa al precio que cueste, porque nos va la vida en ello. Yo a este país lo veo con ganas de cambiar y de sanar el panorama que habíamos heredado del régimen de Franco.
Don Ignacio no tenía muy claro si Josefina era del lado de acá o del lado de allá en cuanto a los regímenes políticos se refiere; por lo que optó por callar, no fuera a meter la pata nada más iniciada la entrevista. La dama posó sobre el caballero unos ojos bondadosos; luego arrimó delicadamente la taza a su boca, inaugurando así el ritual de los sorbos al café.




mily ------------------------------------ dijo
Hay que reconocer que en el tema de la decoración tiene un gusto exquisito (tengo una mecedora igual ajajajajajja).
Mala cosa la conversación al tun tun, por que al final no hablas de nada en concreto, y claro, mezclar la política con el amor puedes ser ferjudicial para la salud, si porque se ponen nerviosos y ya sabemos que los nervios son muy malos jajajajaja.
Me encanta tu novela
ABRAZOS
7 Noviembre 2009 | 08:32 PM