Sarkozy había preparado una ley con el fin de poner en circulación otra tasa que sirviera (ese fue el discurso oficial) para reducir la polución del aire. Se fundaba este proyecto en la idea de que si la gasolina resulta más cara los conductores conducirán menos.

Pero a Sarkozy no le salieron las cuentas porque el alto Tribunal declaró dicha ley no conforme a la Constitución. El presidente debía leer su discurso de fin de año frente a las pantallas. Fue un discurso muy breve, ¿qué dijo? No recuerdo lo que dijo; más que sus palabras, me llamó la atención el rostro endurecido, tenso, a punto de estallar en fulminante cólera. Este presidente estaba enfadado, tan enfadado que apenas si logró disimular la ira cuando se plantó delante de la Nación a través de las cámaras. No sentí pena por él. A mí este hombre no me cae simpático, más bien todo lo contrario.

Terminaron las vacaciones y volví a mi lugar de trabajo, donde un colega me acaba de anunciar que el gobierno aplica la ley del carbono «a pesar de que» los tribunales la hayan suspendido. Me cuenta además que esta ley pasará tal cual, sin enmiendas, en julio de 2010, ya que tres de los jueces del Alto Tribunal dejarán sus cargos, al ser reemplazados por otros tres afines al plan Sarkozy. Y de la nueva votación saldrá, sin sorpresa posible, un «sí» seguro.

Bien, de este lío formado entre jueces, legisladores y primeros ministros se deduce que la independencia de los tres poderes (el legislativo, el ejecutivo y el judicial) se acaba de ir al traste. Si el poder judicial está en estos momentos sometido al poder ejecutivo, deberemos decir adiós a la democracia. Y esto lo afirmo con todas las letras: Que sepa el mundo que en un país como Francia se cargaron la divina democracia para establecer en su lugar un poder absoluto, presidido por un tal Nicolás I.

Y ahora abordemos esa tasa del carbono: los ciudadanos que manejan un vehículo pagan hoy 7 céntimos más por cada litro de gasolina. ¿Significa este incremento una medida ecológica, como pretende el gobierno?

No, porque la gasolina siempre ha estado tasada, y no por eso los conductores se han bajado nunca de los coches. Luego, como medida preventiva no sirve. Da más bien la impresión de que han aprovechado la excusa del cambio climático para aumentar los impuestos.

Esto es una tomadura de pelo en toda regla, digo, de dinero, aparte de que se está falseando la realidad, pues ahora resulta que el gobierno afirma que toma medidas a favor del medio ambiente (falso) y, en todo caso, aseguran ellos que quienes más contaminan son los otros países, o sea, China y EEUU (falso también, porque en lo de contaminar ningún país se salva de la quema).

Si quieren nuestros gobernantes empezar a solucionar el grave problema de la contaminación, a la vez que ganarían en credibilidad frente a la ciudadanía:

Que prohíban la circulación del tráfico en las ciudades.

Que habiliten carriles para bicis en calles y avenidas, sin excepción posible.

Que abaraten el transporte público, de manera que sea realmente «público», y no el privilegio de unos cuantos.

Pero al señor Sarkozy y demás dictadorzuelos de tres al cuarto les sigue preocupando lo de siempre: «aumentar los ingresos del Estado al precio que sea», y para ello cualquier excusa es buena. Nicolás I de Francia había ganado las elecciones gracias a la impericia de su rival (Ségolène Royal), además de un eslogan que se hizo bastante famoso: «Trabajad más para ganar más.» No era eso lo que quería decir, sino: «Trabajad más para pagar más impuestos.»