Una de las aspiraciones más legítimas del ser humano es llegar a ser alguien, adquirir una identidad en el seno del grupo. Abandonar el anonimato equivale a comenzar a existir fuera del estrecho cerco de nuestra piel. Darse a conocer, esa es la clave, el objetivo último de nuestra existencia.
Ahora bien, hay muchas maneras de conseguir la fama; no todas son válidas¹. Algunas son incluso ilegales; otras no respetan las reglas del juego: hay quien se salta las casillas de dos en dos, en vez de una en una, arremetiendo contra todo lo que se cruce en su ruta hacia el triunfo. Pero estos últimos acaban casi siempre estrellados, más que convertidos en estrellas.
¿A qué se debe esta obsesión por salir del anonimato del común de los mortales? ¿Por qué esta necesidad urgente de destacar en algo?
A mi juicio, nuestro sistema democrático cae en una flagrante contradicción: se nos dice, por un lado, que la soberanía reside en el pueblo, que el pueblo tiene la palabra, que las instituciones son para y por el pueblo. Pero, por otro lado, este pueblo que goza de todos los derechos y libertades se pierde cada vez más en una masa anónima, uniforme: todos somos tan iguales que ya no existen diferencias de identidad.
¿Quiénes son los jóvenes? Esos que escuchan la música a todas horas y envían continuamente mensajes a través de sus móviles.
¿Quiénes son los ancianos? Esos que van a parar en un asilo y apenas si logran mantenerse en pie.
¿Y el resto? El resto se divide en dos clases: los que trabajan y los que están apuntados en las listas del INEM. Estos últimos se dividen a su vez en: los que cobran un subsidio y los que lo han perdido todo, hasta las ganas de vivir.
En esto ha desembocado nuestra sociedad de consumo. ¡Todos somos iguales, o bien para lo malo, o bien para lo peor aún! Muchos han querido salir de esta masa uniforme, donde la gente vive sin pena ni gloria, trabajando, comprando en el súper, pagando sus impuestos.
Pero destacar en algo no es una tarea fácil. Si te apasiona el fútbol, te llamarán hincha de tal equipo y te catalogarán dentro del grupo de los «aficionados». No porque el Real Madrid sea el equipo más famoso del mundo vas a ser tú, simple abonado, igual de famoso. Si te apasiona cualquier forma de arte (la pintura, la música, la literatura) y decides ponerte manos a la obra, te encontrarás con que la competencia es dura, la tarea ardua, y ninguna puerta abierta en ese mundillo donde has llamado a voces y nadie te ha hecho caso.
Tal vez se te ocurra destacar por las «acciones». Entonces caes en la cuenta de que habrá que exagerar los hechos, conseguir un récord de algo; de lo contrario, no es posible salir del anonimato. Y por eso ahí tenemos a personas que suben a lo alto de un rascacielos trepando la fachada de cristales, personas que atraviesan a nado el canal de la Mancha, o alpinistas que alcanzan la cumbre del Everest cuando es de noche y las temperaturas bajan de los -30 grados.
He conocido a individuos que por querer subir más alto que nadie no dudan en poner zancadillas, medrar con el jefe, acostarse con el primer pez gordo que se lo proponga, y barrer para su casa cuando la ocasión se presenta propicia.
¿A tanto llega el afán de ser más que nadie que cuando un tenista se adjudica tal torneo llora como un niño y brinca como un saltamontes, y cuando un jugador mete un gol de cabeza sale volando como un pájaro y aterriza en las nubes, como si le costara dar crédito a la increíble proeza que consiste en meter el balón dentro de la portería?
La gente –por lo general, más anónima que una medusa en un mar plagado de medusas– se entusiasma con el espectáculo, se entusiasma con los logros ajenos. Ya lo dijo una vez mi abuelo: «El mundo se divide en dos clases de personas: los que manejan a su capricho la pelota y los que aplauden o protestan, según cómo haya terminado la jugada».
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¹Hace un par de años unos chicos de Marsella incendiaron un autobús, dando apenas tiempo a los pasajeros de salvarse. Una mujer sufrió quemaduras en el rostro, que le dejaron secuelas imborrables. En el juicio, los incendiarios alegaron que lo habían hecho porque «querían salir en la tele y para emular a sus colegas de París, que habían ejecutado actos del mismo tipo.»


merce-hola
14 mar 2010 | 03:45 PM
"aplauden o protestan" lo malo es que la jugada ya esta hecha. :-)
first_corner_of_anita_bokeron
14 mar 2010 | 04:08 PM
Tienes mucha razón. Tú lo has dicho: "una medusa entre más de seis mil millones de medusas". Nos diluimos en la masa.
Besinhos!
Joaquín Martínez
14 mar 2010 | 05:47 PM
Y, sin embargo, aquí también critico a la sociedad capitalista. ¿Ahora te parece bien mi crítica y no la tachas de 'hipócrita', como acabas de hacer en mi anterior post? ¿Qué pasa, que todo depende de que te guste o no te guste lo que escriba? Mira, cuando logres ser más objetiva, entonces te haré algún caso, mientras tanto...
Buenas tardes,
Joaquín
lasrecetasdeteresa
14 mar 2010 | 09:01 PM
Hola Jo, la juventud piensa que lo más fácil de ganar dinero es la TV. Entoces hacen cualquier cosa para salir en ella, y esque que programas tenemos últimamente, todos de lo mismo, que se acuestan con famosos, o hablar aunque sea de la familia les da igual caiga quien caiga, es una pena. Besitos
first_corner_of_anita_bokeron
15 mar 2010 | 01:36 AM
Si estoy de acuerdo, lo estoy. Si no, no lo estoy, ¿aún me exiges más objetividad que esa? ¿Para ti la objetividad qué es, si puede saberse? ¿Que escriba siempre a tu favor? Pues lo siento, pero yo no hago eso. Cuando uno escribe se expone a que su opinión no sea religiosamente sostenida por el resto, pero para eso está, para que sea reafirmada o rebatida, según quien quiera opinar también.
La verdad no está de la mano de una sola persona. Tú defenderás siempre tu postura, comprenderás mejor o peor la de los demás y quizá logres que otros cambien la suya o tú mismo puedes llegar a cambiar la tuya si descubres que otros argumentos son más convincentes. Así es el maravilloso mundo de las ideas libres. Y que así siga siendo. Pero si no soportas la contradicción, entonces tranquilo, que ya no comentaré más. No porque no vaya a estar de acuedo contigo en más cosas -que probablemente sí-, sino porque, si no te agrada que me exprese cuando discrepe, entonces, por principio, tampoco lo haré cuando opine igual.
Besinhos from Anita B.
Joaquín Martínez
15 mar 2010 | 06:51 AM
Tú no has atacado ni rebatido mi opinión, has dicho que soy 'hipócrita' sin conocerme siquiera. Demuéstrame a través de mis escritos que he mentido, que he ido en contra de mis ideas y te daré la razón: soy hipócrita, porque he usado la falsedad como argumento a sabiendas de que es falso. Mientras no encuentres una prueba, deja de descalificarme. No te lo consiento. Lo que tú has hecho es un ataque personal en toda regla, así que no me vengas con cuentos ahora de rebatir opiniones, dar su opinión, etc.
Y te lo repito, no has sido imparcial en esta ocasión: en mis dos post he criticado lo mismo a la sociedad de consumo. En el primero me llamas hipócrita porque no tengo derecho a criticar ya que consumo como todos. En el segundo me dices que estás de acuerdo, y eso que lo que 'acabo de hacer es criticar a la sociedad de consumo que según tú no tenía derecho a criticar'. ¿En qué quedamos?
Adiós muy buenas, y me alegraré mucho de volverte a ver por aquí.
Joaquín Martínez
15 mar 2010 | 07:01 AM
Me equivoqué con el teclado, quise decir: "y me alegraré mucho de no volverte a ver por aquí." Con amigos como esta Anita, ¿para qué quiero enemigos?
abril-ale
15 mar 2010 | 09:38 AM
Me desviaré del post, o quizá no. Pero, ese es el eterno problema de los que debaten sin argumentos sólidos: refutan, tildan y hasta acusan sin ninguna base y luego caen en la contradicción. Esto lo digo por el mini debate que abrieron en el post anterior. Y, ¿ahora? ¡¡Ohhh, sorpresa con el comentario que leo!!
En fin, lo mejor es continuar. No importa ser tildados con los epítetos más fuertes, lo importante es seguir actuando según nuestra consciencia.
Jo, créeme que te expresas y actúas de la manera correcta...sólo continúa. Continúa con el consumo responsable que, es algo que no entienden muchos. Continúa consumiendo valorando las opciones más solidarias, más justas y más ecológicas. Seguí abriendo camino...
Abrazos fortísimos de inicio de semana.
Joaquín Martínez
15 mar 2010 | 01:46 PM
Hola, Abril, debería estar acostumbrado a este tipo de críticas basadas en la descalificación personal, pero me cuesta encajarlas. También es cierto que esto no ocurre todos los días y que en el futuro estaré más prevenido y mejor armado frente a este tipo de argumentos, que no son argumentos, sino ataques a mi persona.
Gracias por tu apoyo,
Joaquín
abril-ale
15 mar 2010 | 05:56 PM
Mi apoyo lo tenés, lo tendrás y lo patentizaré las veces que sea necesario.
Sólo hay que actuar y continuar de acuerdo a lo que nuestra consciencia nos dicte y seguir fieles a nuestras convicciones.
Besos.