La mentira repetida hasta la saciedad, el engaño generalizado, la estafa «al por mayor» tienen mucho que ver con esta crisis, con ese desbarajuste por el que pasa un sistema injusto que algunos altos mandatarios insisten en mantener, aunque sea con muletas.

Pero ya se desploma, ya se derrumba, ya su caída arrastra consigo a la población entera.

Los consumidores debemos aprender a decir no, stop, basta... Una y mil veces nos preparan el timo de la estampita; una y mil veces caemos en la trampa; una y mil veces nos dejamos engatusar como si fuéramos niños mal criados, que se contentan con cualquier golosina.

Se ha demostrado, por ejemplo, que en la ciudad los coches no son nada prácticos, puesto que no permiten ganar tiempo, son más un engorro que otra cosa. Y aún encima, suponen un gasto formidable para las economías domésticas.

¿Aparcamos por eso mismo, y para siempre, el dichoso automóvil? No, en regla general somos incapaces de bajarnos del burro.

Antes los electrodomésticos se fabricaban para durar al menos cinco años; los muebles aguantaban lo que les echaran encima; los utensilios eran sólidos y de buena hechura. Ahora, un electrodoméstico dura lo mismo que un suspiro, un mueble se resquebraja al apoyarse sobre él, y si un objeto cae al suelo hay que tirarlo inmediatamente a la basura.

¿Es esto lógico? La estúpida manía del usar y tirar afecta a todas las áreas de nuestra existencia. Diríase que el timo de la estampita se ha instalado entre nosotros hasta el punto de que toda persona es sospechosa de «querer engañarnos».

Una sociedad que abusa continuamente de la confianza ajena, una sociedad que miente en los púlpitos de las iglesias, en las oficinas de los bancos, en los mítines de los políticos y en las ruedas de prensa de los famosos es una sociedad enferma, contaminada, gangrenada por el gran timo de los unos para con los otros.

Salimos a la calle y lo primero que nos viene a la mente es: «¿Cómo me las arreglo hoy para que no me engañen?»

Recibimos una carta y ya sabemos que alguien reclama que paguemos tal cosa. O bien, los de la Compañía de Electricidad anuncian a bombo y platillo –siempre con el beneplácito de los gobiernos corruptos– que han vuelto a subir las tarifas de la luz.

¿Es esta la sociedad del bienestar que tanto nos prometían los filibusteros del marketing? ¿Es éste el famoso «vive y deja vivir» que ha sido pregonado por quienes se enriquecen estafando hoy para seguir robando mañana?

A estas alturas, no debemos extrañarnos si los contenedores de la basura desbordan en cada esquina. Hemos convertido el mundo entero en el depósito de nuestros despropósitos.