Muchos son los que emplean esta frase, convertida en un lugar común, con la cual se da a entender que los poderosos manejan a la población según su capricho: «Para los gobernantes, no somos más que números.»
¿Cómo demostrar que es cierto este tópico, el tópico de que las personas no son más que los números con que los políticos elaboran sus estadísticas (a menudo, trucadas), ajustan el presupuesto en función de tal o cual interés (mercantilista), y dirigen el absurdo movimiento de masas (en verano, todos a la playa; en diciembre, todos al escaparate con motivo de la navidad: hay que seguir comprando tonterías, a cuál más cara).
Veamos la realidad de frente. ¿Quién conoce al señor Pérez, aparte sus amigos y allegados? Al señor Pérez no lo conoce ni su sombra. Trabaja en una cadena de montaje. En esa cadena su persona tiene tanto peso como los tornillos que manipula a lo largo de la jornada. Ninguno. Es un número más, un brazo que ajusta tuercas, un brazo que maneja el volante, un brazo que extiende el cheque para pagar las facturas del gas o del teléfono.
Conscientes de lo amargo que resulta «no ser nadie en este trajín propio de hormigas», los estrategas de la información pretenden que el señor Pérez Anónimo jalee los logros ajenos, por aquello de compartir la gloria aunque sea en la distancia. Y de este modo, el señor Pérez apoyará al equipo de fútbol de su barrio, apoyará al equipo de su localidad y apoyará, por último, a la selección española. ¡Viva Pérez, ahí tienen el ejemplo de lo que se considera un buen patriota!
Pero a don Pérez le empieza a aburrir jalear para nada (si total, los que se embolsan los millones son los jugadores); a don Pérez le empieza a cansar que su vida se resuma en un ir y venir de casa al trabajo, del trabajo a casa, sin que le quede apenas tiempo para cultivar sus aficiones. ¡Viva Pérez, ahí tienen el ejemplo del empleado modelo, que vive para los otros y hace de su vida un asco!
No se queje, señor Pérez –le dirán los que de esto entienden– los hay que se protegen en las noches del invierno con cartones. ¿Y los que residen en Etiopía? ¿Se ha fijado en lo mal que lo pasan los pobrecitos de Etiopía?
No se queje, señor Pérez, usted por lo menos dispone de un garbanzo que llevarse a la boca, usted bebe chupitos en el bar de la esquina, usted paga sus impuestos y consume como el que más.
No se queje, que la desgracia está en África, en Asia, en medio mundo, pero nunca en su barrio. ¿Cómo iba a llamar la desgracia a la puerta de su casa?
Al señor Pérez lo han convencido. Él no es más que un número para el sistema. Un número, sí. Mejor eso que nada. Mejor ser el último de la fila que convertirse en un cero a la izquierda. Los europeos serán números, pero los africanos no son ni eso: son hambre y miseria en las espaldas.
Es curioso comprobar cómo la propaganda oficiosa se dedica cada vez más a sacar balones fuera de la portería. Por lo general, los grandes males del planeta suceden lejos (sostienen los informadores), nunca en el propio país. ¿Huracanes? Allá, en América. ¿Plagas de insectos, desiertos que avanzan, pozos de agua que se secan? Allá, en África. ¿Esclavitud como consecuencia de unas penosas condiciones laborales? Allá, en la China o en la India.
Pero la realidad es bien distinta. Las inundaciones se han convertido en la moneda corriente de todos, digo bien, todos los rincones del mundo. Y no hay país que no se vea afectado o amenazado por la progresión desoladora del desierto. Y la explotación en el trabajo se da lo mismo en los mares de plástico de Almería que en las costas con palmeras de las islas del Caribe.
Nadie escapa a la regla: estamos malviviendo por un sinfín de razones, entre las cuales no es de menor importancia el hecho de que para los políticos los ciudadanos son sólo números, números con los que elaboran lo mismo sus falsas estadísticas que sus patrañas de titiriteros embaucadores.


Abril Alejandra
7 jul 2010 | 04:50 AM
Precisamente, mientras todos gritaban ¡¡Goooooooooooooll!! en Brasil, decenas de personas muriendo a causa de las inundaciones y el drama del derrame de petróleo en el golfo de México cobrando la vida de tantas especies marítimas. Mientras todos gritan ¡¡Goooooll!! sigue la tragedia en África, Haití y Gaza.
Mientras... ¡¡Gooooooooooooooooll!!
Un abrazo fortísimo.
Abril Ale.
Joaquín Martínez
7 jul 2010 | 06:27 AM
Vergonzoso que en los telediarios la primera noticia hable de fútbol, vergonzoso que ni siquiera hagan mención del huracán asolando las costas de México. Cada vez vamos a peor. La televisión está pudriendo el mundo.
Un abrazo,
Jo