Coherente con mis ideas y principios, me apunto a las innovaciones de la tecnología cuando éstas parece que favorecen al progreso de todos, no solo al de unos cuantos.

Yo no me aparto sistemáticamente de las máquinas, sino que no me dejo embobinar por el último invento que inunde los mercados. ¿Es eficaz? ¿Sirve para algo? ¿No daña los intereses de la comunidad?

De este modo, yo he dicho «no» a los teléfonos móviles por considerarlos nocivos, pero ahora acojo con entusiasmo un invento que tal vez se ponga de moda muy pronto: el libro electrónico. Con pantalla que reproduce fielmente la hoja de papel (no cansa a la vista), uno puede almacenar en este pequeño utensilio (apenas 150 gramos) todos los libros que desee, más de mil libros... Y llevárselos consigo a todas partes.

No volveré a comprar libros de papel, salvo en casos excepcionales. Seguiré leyendo tanto o más que antes, pero sin que por ello se tengan que cargar medio bosque de no sé dónde: ¡La salud del planeta en primer lugar! Yo apuesto por el libro en formato electrónico y ésta ha sido mi inversión para este verano.