Carlos, el Guerrero del Antifaz, advirtió a su amigo de que una conspiración se tramaba contra él en el seno del Palacio Abandonado. Ricardo, al enterarse de esta noticia, no daba crédito a lo que oía. Con Moreno había tenido un amago de disputa la vez en que se concertaron frente a la catedral con el propósito de espiar los movimientos de los patrulleros.
Se trataba de evaluar las posibilidades de realizar unas pintadas en los muros de la sede episcopal. Pero un desacuerdo a última hora había abortado esta travesura de los grafiteros de Palma, quienes no quisieron ir más lejos por ahorrarse disgustos –y serios embrollos– con la policía.
Pasaron los meses y la dinámica de pintar muros semiderruidos, casetas abandonadas y tapias de colegio en días festivos había vuelto a completar el quehacer de estos artistas callejeros, mal reconocidos por un público que lanzaba miradas aviesas cada vez que tropezaba con una de esas creaciones repletas de colorido y alusiones a una moral sui generis, provocaciones de mayor o menor calado.
En tanto que observador, citaré algunas pintadas que han quedado grabadas en mi memoria y que habían tomado las fachadas de los edificios como hojas de cuaderno:
«Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro, dijo Sócrates.»
«Si tienes un problema no se te ocurra acudir a mí. Si tengo un problema, llamaré mil veces a tu puerta, me dijo el de enfrente.»
«A Georges, a Tony y a Chema, con el mazo dando les iremos y en el zurrón del mundo cantando nuestras quejas golpearemos.»
Ricardo se había especializado en los rótulos luminosos, no se había dejado influenciar por la moda manga, muy chillona y muy exagerada, que tantos adeptos había conquistado últimamente entre los miembros del Palacio. La única novedad era que junto a la firma de sus trabajos solía estampar la J de Julia y, más lejos, la R de Ricardo.
Supo por boca del Guerrero del Antifaz que Moreno no solo minusvaloraba sus rótulos sino que comentaba a quien quisiera oírle que por su culpa –la culpa de Ricardo– el clan de los grafiteros sufría una especie de parálisis permanente, vivía anclado en las glorias pasadas, había borrado de su agenda proyectos de futuro, acciones descabelladas que otorgasen por eso mismo gloria y fama a los grafiteros de Palma.
Le constaba, añadió por último, que dos tercios del grupo se habían puesto del lado de Moreno y que la otra parte estaba a punto de bascular hacia la mayoría, estimulada por la facundia de ese conspirador. Moreno no desperdiciaba ocasión para hablar mal del pobre Ricardo y dejarlo –si fuera posible– en evidencia.
Él, su mejor amigo, había decidido ponerlo sobre aviso y ahora le tocaba a él tomar una resolución. El novio de Julia se sentía, en realidad, cada vez más desligado del rumbo que tomaban sus compañeros del Palacio Abandonado. Estaba por confesar a Carlos que le daba igual lo que tramara su mortal enemigo a sus espaldas.
«Dos no riñen si uno no quiere», se decía. «Ya se cansará de murmurar contra mí.» «Si actuando de ese modo se imagina que me hará pupa, ¡va listo!» «¡Yo soy más duro que el granito, más fuerte que todas sus maquinaciones juntas!» «No me extraña que lo echaran del supermercado donde trabaja Julia. ¡Menudo elemento!...»
Y hubiera continuado pensando del mismo modo durante un rato más, a no ser por su confidente Carlos, que le preguntó de golpe:
–¿Qué piensas hacer al respecto?
–Nada –contestó lacónico el sobrino de don Eusebio.
–¿Nada...? ¿Vas a permitir que ese Moreno te siga poniendo verde y fabricando enemigos tuyos con toda impunidad?
–De todas formas, si en el Palacio no fuera bien recibido dejaría de frecuentar el trato con esa gente y me dedicaría a trazar grafitis por mi cuenta. Que yo sepa, ellos no tienen la exclusiva de este entretenimiento urbano. No los necesito para nada. Y si me da la gana voy a una pared, la primera que encuentre, y plasmo el rótulo que a mí me apetezca. Sólo la policía puede detenerme. Ellos no.
–Si tú te borras del clan de los grafiteros, yo también –anunció, enfurruñado, el Guerrero del Antifaz.
–Voy a decirte lo que pienso: las calumnias se desmienten por sí solas. Si el ofendido da crédito al rumor está expandiendo con ello las habladurías y colaborando para que el daño sea aún mayor. Hay que dejar que los hechos confirmen o desmientan lo que pregonan las palabras. Que el tiempo ponga a cada uno en su sitio.
–No sé... La historia está repleta de casos en que bravas personas han sido desprestigiadas por culpa de las burdas maquinaciones de los envidiosos.
–Y si así fuera, ¿qué me importa a mí? Mira, mi vida sigue derroteros bien distintos a los de antes. De repente, tengo novia...
–¡Ah, las mujeres! –le interrumpió su amigo.
–... Y me va muy bien con ella –prosiguió Ricardo, como si nada hubiese oído–. Precisamente, hace poco estuvo en casa de mi tío; y pasamos un rato bien ameno. La próxima semana voy a empezar los estudios en la facultad... ¿Qué más le puedo pedir a la vida? Todo va viento en popa. El porvenir me sonríe con un horizonte despejado, claro y luminoso como el más hermoso de los amaneceres.
–Ya veo que lo tuyo no tiene arreglo. Fuiste Ulises y acabaste regresando a tu isla, donde Penélope te acogió con los brazos abiertos. La pobre llevaba veinte años vigilando el mar por si aparecías. Cuentan las crónicas que la espera valió para ella la pena.
–Si así fuera, me parecería que es un buen final; digno de dos personas que se quieren bien.
–Hummm... ¿Y Moreno...?
–¡Que le zurzan a Moreno! Se ha quedado atrapado en su cueva maldita. Era un cíclope y yo lo he vencido con mi total indiferencia.
El Guerrero del Antifaz comprendió que no habría lucha dentro del Palacio Abandonado porque una de las partes no entraba en litigio. Tan sencillo como escapar del ruedo: Ricardo no iba a recoger el guante de la provocación, y la vida seguiría su curso majestuoso.
Por fin lo comprendió y estrechó la mano de su colega: también en las retiradas iban a ser compañeros de fatigas.


gabriela
31 dic 2010 | 06:15 AM
mmmm Me gustó la actitud de Ricardo en el sentido de dejar esas amistades que le pueden traer problemas, aunque yo hubiera preferido que se retirara más suavemente, sin provocar ... porque si el tal Moreno es de los que no aguantan perder, pues algo puede maquinar para joderle el día a Ricardo, incluso puede ser una encerrona...
Es preferible hacerse el caido del catre....y despedirse del grupito...Tiene dos razones como él dijo, su novia y su entrada a estudiar...eso basta.
Jo
31 dic 2010 | 08:12 AM
Es cierto, Ricardo prefiere consagrar sus energías en otra cosa, piensa que no vale la pena perder el tiempo en batallitas de hegemonías. Me parece la suya una decisión acertada, en su lugar yo creo que hubiera hecho lo mismo.
No hay posibilidad de encerrona porque la vida de ambos seguirá derroteros distintos. Si acaso se verán de lejos en la calle, como dos viejos conocidos. Te deseo un muy feliz y muy próspero 2011.
abril-ale
7 ene 2011 | 10:11 PM
De acuerdo. Ricardo tomó la decisión acertada en cuanto al pesado de Moreno.
Saludos Jo.
Jo
8 ene 2011 | 10:40 AM
Eso creo yo, pero me temo que aún tendremos más noticias de este Moreno.