En su afán por conquistar mercados, los comerciantes se dieron cuenta del poder que ejerce la voluntad del niño en el seno de las familias. Un niño es el cliente ideal para cualquier vendedor de baratijas:
–No se cuestiona la utilidad de lo que compra.
–Le encandilan fácilmente los brillos y oropeles que encuentra en los escaparates.
–Pronto se aburre con la última adquisición y pide otra que la reemplace.
En definitiva, el niño suele ser caprichoso, egoísta y poco reflexivo. Es por consiguiente el cliente modelo, el que se dejaría engañar con el timo de la estampita, el que no haría ningún caso a la razón y permitiría el gobierno de los instintos primitivos.
¡Qué pronto lo averiguaron los parásitos de estos tiempos que corren! Han llenado las pantallas de un mundo de colores: un circo ideado para los niños, o bien para los adultos convertidos en niños.
Han infantilizado a la población entera: «No seas aguafiestas –te dicen–. No te preocupes por lo que pasa a tu alrededor. Piensa solo en tu bienestar. Piensa en lo que a ti te conviene. ¡Date el gustazo de consumir a tontas y a ciegas como hacen los demás!»
La gente que me rodea se ha vuelto tan mimada y caprichosa que necesita a todas horas que le cambien de entretenimiento, que le satisfagan sus antojos más pueriles –o si no se pone a patalear y a berrear como un crío–, y que le traigan cada semana nuevos juguetes para su circo-ocio.
Pocas veces dispone este niño-adulto de su tiempo. Si acaso le conceden media hora la emplea en ver la tele o en pasearse por los pasillos de los grandes centros comerciales, desperdiciando de este modo tardes enteras.
Habituado a tener muletas con que moverse, medios de locomoción que lo lleven a todas partes, máquinas que piensen en su lugar, comederos donde atiborrarse de productos perjudiciales para la salud, y bares donde llenarse la cabeza de humo y ruidos, exige como si fuera un derecho adquirido el poder disponer de su tarjeta de crédito, de su alarma para el coche, de su mando a distancia con que ser el dueño y tirano de su casa.
No comprende que todo ese bienestar físico se apoya en una serie de recursos que son limitados. Y tampoco quiere entender que cuando estos recursos se agoten (¡porque terminarán agotándose!) su mundo de yuppy se deshará como una pompa de jabón.


charlitox
4 ene 2011 | 05:27 PM
Tienes razón, Jo. Han convertido a los niños en los reyes de la casa, se hace lo que ellos quieren, ellos son los que mandan... Los padres limpian así su culpa por no poder pasar con ellos tiempo suficiente, creen que comprándoles todo lo que piden quedan en paz, pero creo que esa no es la solución...
Un abrazo y feliz año nuevo!!!
Jo
5 ene 2011 | 10:21 AM
Feliz año, Carlos. Ojalá y los reyes traigan más responsabilidad y más concienciación.
Marcial Luis Herrero de Zabaleta
5 ene 2011 | 09:53 PM
A veces tratamos de darles aquello que no tuvimos de niños..y olvidamos que deben curtirse sin tanta comodidad superficial en nuestros días.
Feliz 2011
Jo
6 ene 2011 | 11:27 AM
Ese es el peligro de lo absoluto: la libertad absoluta atenta contra la libertad de los demás.
Marcial Luis Herrero de Zabaleta
6 ene 2011 | 01:37 PM
Comparto esta idea.
abril-ale
7 ene 2011 | 09:47 PM
Los padres tienen un compromiso y una responsabilidad tremenda. Permitir y conceder todos los caprichos a los niños tiene un costo, y vaya que costo. Creo que quienes debemos tomar conciencia somos los adultos, los que ya son padres y los que seremos en un futuro.
Abrazos Jo.
Jo
8 ene 2011 | 10:38 AM
Si toda la sociedad se vuelve caprichosa se carga el país. Si el mundo entero se vuelve caprichoso se carga el planeta. Ahora los chinos quieren ser los campeones del capitalismo. Eso será nuestra sentencia de muerte, porque añadir dos mil millones de coches circulando es conducir el planeta a su destrucción.
nofler
10 ene 2011 | 09:19 AM
Que sabias son vuestras palabras....pero es curioso, todos sabemos que esto es así y sinembargo nada cambia ¿os dais cuenta? los niños y los adultos seguimos introducidos en ese mundo abstrato de un consumismo desenfrenado.
Me ha gustado mucho la frase de Jo, la libertad absoluta atenta contra la libertad de los demás.
Ojalá que todo el mundo reflexionara todas estas cosas y empezasemos ya a actuar.
Utrella!!!
Jo
10 ene 2011 | 01:45 PM
Es difícil que se pare el tren del consumismo. La inercia puede a veces más que la voluntad de cambiar las cosas.
nofler
10 ene 2011 | 02:00 PM
SÍ , pero a lo mejor puede más la perseverancia, el ser terco e insistir en recordar lo bueno y anular lo malo.
Si todos nos empeñasemos en volver a recuperar la esencia de la vida, la vida brotaría de nuevo, no estaría todo perdido.
En eso estamos y a por eso vamos!!!!!!
sabes la frase vox populi...¡¡¡Lucha cobarde que el culo te arde!!!! (disculpa mi atrevimiento...) pero luchar con la única arma de la verdad y la justicia ; LA PALABRA
Jo
10 ene 2011 | 02:08 PM
Nos queda la palabra, espero que a esa no la puedan atar, aunque ya lo intentan. O peor, quieren volverla muda. Pero se les cuela por las rendijas de su sistema y cada vez se oye más la palabra libre, sin cortapisas. Aún somos pocos, pero que por lo menos se nos oiga bien alto y fuerte que están destruyendo la vida en nuestro precioso planeta.
nofler
11 ene 2011 | 10:46 AM
Ese JO!!!! claro que sí, estoy contigo!!!
Utrella!!!
Jo
12 ene 2011 | 11:36 AM
Y algo me dice que cada vez se hace más necesaria la voz de la protesta, la voz que denuncia este sinsentido de mundo que nos hemos fabricado.