Estaba ojeando el periódico de la mañana. En una esquina de la mesa humeaba la taza del café. Por la ventana asomaba el paisaje lúgubre de la avenida Argentina. Los días le parecían iguales: torpes copias de otros días en que hizo acopio de entusiasmo y vigor juveniles; pero ahora solo podía hacer acopio de achaques y dolores de cabeza...
Se llevó la mano a la frente. Las noticias que pregonaban los titulares no eran halagüeñas: la crisis mundial se estiraba más allá del calendario, imposible evaluar su verdadero alcance; ciertos conflictos que estallaban aquí y allá, sangre derramada; dimes y diretes de los políticos de turno, siempre luciendo la falsa sonrisa del que roba y se siente impune; conflictos de intereses entre países limítrofes; un personaje famoso estaba siendo objeto de toda clase de difamaciones e injurias...
Hastiado, Eusebio arrojó lejos de sí las hojas del diario, que fueron a caer sobre la colcha blanca de la cama recién hecha. Miró de nuevo a la ventana. Se acordó del café. Otro sorbo para recuperar energías perdidas. Fue cuando llamaron a la puerta de la habitación.
–¿Sí...?
Ricardo apareció en el umbral. Tenía el semblante risueño. Se notaba que la vida le sonreía. Había empezado la dinámica de los estudios en la facultad y esta dinámica le sentaba estupendamente bien.
–Tío –empezó diciendo–, a Julia la han despedido en el almacén de paños Julio & Ramos. ¿No le puedes conseguir otro trabajito más adecuado para ella?
Eusebio endureció el gesto:
–¿Y por qué la han despedido?... La carta de recomendación que envié al director de la empresa era favorable. No entiendo cómo ha podido durar tan poco en el puesto.
Ricardo narró lo que Julia le había contado la víspera: personajes estrafalarios; ambiente enrarecido; una clienta especial; y el jefe, descontento con la forma de hacer de la nueva empleada, firmando la hoja del despido. Su tío no se llevó las manos a la cabeza, pero casi. Su buen humor languidecía poco a poco; pasaba por un periodo difícil; el pesimismo invadía su espíritu como la mala hierba donde en otro tiempo habían florecido lozanos el laurel y la amapola.
–Es cierto que el almacén de la calle Olmos tal vez no le conviniera a una chica como Julia –señaló, pensativo–. Los tiempos son duros. Es mejor aprovechar las bazas laborales que se presenten, porque a fin de cuentas no hay mucho donde elegir. Veré lo que puedo hacer. Contactaré con otro pez gordo que me garantice un puesto para tu novia. Pero no te prometo nada... Dile a Julia que ande con pies de plomo; como se ponga ahora a flirtear con el porvenir, de seguro que se pegará el morrazo.
–Gracias, tío –dijo Ricardo.
Había supuesto que aquellas palabras eran una reprimenda para su novia. Tomó nota y se dispuso a salir de la habitación de su tío. «¡Trataré de aprovechar la jornada! Hay un artículo sobre la energía nuclear que me ronda en la cabeza desde hace algún tiempo», oyó murmurar mientras cerraba despacio la puerta.


abril-ale
21 feb 2011 | 10:21 PM
Bueno, no todos los días son buenos y supongo que don Eusebio pasaba por esos días grises. Ufff...en la actualidad, con tantas noticias negativas, los días se tornan más sombríos y nada optimistas.
Esperemos que le consiga un empleo a Julia y esta vez sea en un lugar menos sombrío y estresante.
Abrazos fortísimos y excelente semana. :)
Jo
22 feb 2011 | 07:11 AM
Crucemos los dedos para que el próximo empleo sea favorable a Julia. Feliz semana, Abril.