No me es posible revelar el nombre del pueblo en cuestión, pues las pocas casas que lo componen dan como resultado una población reducida, todos se conocen allí, aunque en los últimos tiempos la localidad ha sido invadida por los germanos, quienes traen consigo sus costumbres y lengua. No es seguro que al preguntar por tal dirección te contesten en castellano o en mallorquín, dialecto del catalán. Diré, no obstante, que este pueblecillo no se encuentra muy lejos de Inca, en el centro de la isla, famoso este último por su fábrica de galletas, que se venden en todo el archipiélago balear y parte de la costa levantina y son apreciadas por los turistas del mundo entero, los cuales se atiborran de ellas en tanto permanecen de vacaciones en alguna de las cuatro islas (Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera; aún queda por citar Cabrera, pero toda ella es hoy un parque natural, tengo entendido que hasta sus costas llega la foca monje, que está en peligro de extinción).
Tomaron un sábado por la mañana el autobús que los conduciría hasta Inca. Luego solo tenían que recorrer cinco kilómetros a pie para presentarse en la plaza principal del pueblo de Julia, donde se reunían en apretada convivencia las fachadas de la iglesia, la del ayuntamiento, con su balcón negro y su racimo de banderas flotando al viento de Tramontana, y la de Correos, edificio viejo, adusto, atacado de salitre, exudaba humedad por los cuatro rincones.
El trayecto en autobús se les hizo bastante agradable. Más allá de la mancha de asfalto asomaba la campiña balear, llena de almendros, algarrobos, matorral bajo y un aire transparente y dorado cuando los rayos del sol caen oblicuos sobre la tierra. De Palma a Inca no hay muchos repechos, las montañas se concentran en un solo punto, el resto es llanura que se extiende y se deja mecer por la brisa del mar. Las casas de dos plantas poseen fachada de piedra rebosante de musgo, postigos azules en las ventanas, verjas pintadas de blanco que transmiten un encanto especial al sitio. Yo amo profundamente estos parajes frescos y saludables como manzanas recién cogidas del árbol. Donde quiera que vaya, los llevaré conmigo en la memoria.
Aquella mañana de principios de octubre el otoño estaba lejos aún de instalarse en el territorio insular; las hojas de los almendros y algarrobos tintineaban al tiempo que proyectaban los mil y un reflejos cristalinos de la atmósfera caliente. En torno a las flores con su rica gama de colores y matices zumbaban los insectos con destellos de oro.
Julia estaba muy feliz ese día; tanto o más alegre que la nubecilla que veía flotar en lo más alto del cielo, solitaria y reposada como una reina de los espacios libres e infinitos. Ella se sentía igual que la nubecilla; pero no estaba sola, sino que llegaba a su lugar acompañada, como don Quijote de Sancho. Y en la casa de sus padres nadie la tenía por loca; antes bien, se había atrevido a aventurar su suerte y esta le había sido propicia porque, a pesar de los mil inconvenientes, creía que la vida no había cesado de sonreírle en ningún momento.


nofler
23 feb 2011 | 11:54 AM
se percibe que la muchacha siente que vivir es hermoso cuando observa así la naturaleza del lugar.
Jo
23 feb 2011 | 12:18 PM
Mallorca es una isla encantadora. La parte de la costa la han destruido los hoteles y el cemento, desde Cabo Blanco hasta Magalluf. Pero en el lado opuesto y en el interior de la isla sigue habiendo lugares míticos.
nofler
23 feb 2011 | 12:39 PM
Estuve cuando era niña y es maravilloso, salvo la parte turística, como siempre estropeamos todo con el cemento.
Utrella!!!
lasrecetasdeteresa
23 feb 2011 | 03:08 PM
Bueno Jo que bonito pones el lugar, dan ganas de irte para ya, la verdad es que conozco Ibiza de hace ya mil años pues estuve en mi viaje de novios, fíjate lo que habrá cambiado, si que me gustara ir a Menorca que creo que es preciosa, pero ahora con mi madre no puede ser.
Espero tu suegro este mejor Besitos
Marcial Luis Herrero de Zabaleta
23 feb 2011 | 06:02 PM
Uno siente envidia sana por una prosa tan magnífica de un escenario tan fantástico.
Saludos
Jo
23 feb 2011 | 07:31 PM
Hola, Teresa, anda mejor, pero está muy débil. Vive en una casa de dos plantas, los hijos le preparan la habitación en la planta de abajo para que no tenga que usar las escaleras. Un abrazo.
Jo
23 feb 2011 | 07:32 PM
Muchas gracias, Marcial, también me gusta mucho tu prosa, aunque trates temas tan opuestos a los míos. Claro, cada uno trabaja su especialidad. Yo envidio tus conocimientos de Economía. Un saludo.
abril-ale
23 feb 2011 | 09:20 PM
En estos tiempos que corren, donde solamente vemos selvas de cemento por doquier, es agradable leer que en nuestro mundo aún existen bellezas como el lugar que tan bien describes.
Besoooos.
Jo
24 feb 2011 | 07:18 AM
Bueno, me alegra mucho que os haya gustado el capítulo, he hecho promoción de las Baleares, un poco a la manera de las agencias de viajes... Espero que los mallorquines me inviten a una caña cuando pase por allí la próxima vez. Aunque ya sé que no les habrá gustado que diga que el mallorquín es un dialecto del catalán; hay muchos insulares, no sé si son mayoría, que lo consideran lengua, y no dialecto. Rueda de Molino suele opinar largo y tendido sobre esto.
metanoia
24 feb 2011 | 08:49 AM
¡Cuántos recuerdos! Fui invitado a Inca 3 o 4 días y me encantó...Estuve en un hotel muy agradable, a unos 3 km de Inca (casa del Virrey o algo así), carretera de Sencelles... Tus fuertes pinceladas para describir aquello me han presentado esos pueblos de alrededor que visité, la Iglesia de Santa Mª la Mayor de Inca, algunos paseos por el campo contemplando almendros... Y, además, me encontre con gente muy acogedora y amable, aunque al final no me traje gallestas; pero el recuerdo, imborrable.
Un saludo
Jo
24 feb 2011 | 01:00 PM
Me encanta haberte despertado tan gratos recuerdos, tengo entendido que a pesar de los pesares el paisaje del interior de la isla se conserva más o menos intacto, así como la Sierra de Tramontana.