La respuesta a esta pregunta puede ser muy sencilla y hasta, si lo pensamos bien, obvia: a consecuencia del cambio climático el nivel del mar ha aumentado algunos centímetros en los últimos cincuenta años; esto hace que haya más cantidad de agua y que los océanos y mares pesen más. A mayor peso de los océanos mayor presión ejercida sobre las fallas y placas tectónicas. El equilibrio ya era antes precario; ha bastado que suba un poco el nivel del mar para que se dispare el número de terremotos. El futuro ya se lo pueden imaginar: subirán las aguas al mismo tiempo que las temperaturas y, a la par que ellas, se duplicarán y se triplicarán los terremotos.