I.
El señor Basilio Carmona había trabajado siempre en el sector de la xerografía. Con el tiempo había hecho fortuna. Su imprenta estaba, estratégicamente hablando, bien ubicada y había conseguido fidelizar a la clientela, mejorar el servicio y ampliar el negocio a ramos que no había tocado aún. Como todo buen empresario, trató de aumentar las ganancias a la vez que disminuía los gastos. Y para ello no tuvo inconveniente en ofrecer un salario mínimo a los empleados, adquirir material de dudosa calidad y verter por el desagüe del lavabo los tintes y demás productos químicos utilizados para la elaboración de carteles, almanaques, tarjetas de visita y cuadernos de cuentas. Al mismo tiempo fue avaro en su vida doméstica, poco dado a los gastos superfluos, cruceros y demás ostentaciones del lujo. ¿Cuántos capitalistas hay en el mundo como este señor Basilio, que difunden el gasto a manos llenas en el seno de la sociedad, pero ellos, contradiciéndose de manera escandalosa, no procuran sino acaparar y gastar lo mínimo, tal y como hicieran los usureros del siglo XIX?
Basilio fue un tacaño ejemplar. Todo lo medía (hasta las palabras). Pero no puso reparo en contaminar el río vertiendo en sus aguas los residuos tóxicos de la producción en la imprenta. Este hombre, a pesar de los logros obtenidos en lo que respecta a su negocio, no fue del todo feliz, los médicos lo habían declarado estéril y esto le había amargado más de una cena con velas y botellas de champán. Su esposa adoptó una niña originaria de Hungría, muy rubia ella. Pasaron los años y la chiquilla creció sana y fuerte, conoció a un chico, se enamoró de él, se casó, fue al final madre... Al abuelo Basilio se le caía la baba con la nietecita rubia. ¡Por fin lograba dar al mundo una descendencia, aunque fuese de forma indirecta! Se encaprichó tanto con la niña que le compraba cada semana juguetes y regalos; la llevaba también al parque; la sacaba de excursión siempre que podía...
Pero un mal día la niña encontró la muerte al cruzar la calle en el momento menos oportuno: justo cuando pasaba un vehículo que iba más rápido de lo debido. Fue una tragedia que marcaría para siempre a esta familia. Pero si hubo alguien que se llevó el gran batacazo, esta persona fue Basilio Carmona.
Muchos afirmaron que a partir de aquella fecha fatídica se le «fue la olla». Tal vez fuese más exacto decir que cayó en una terrible depresión de la que saldría al cabo de unos años profundamente renovado: se había convertido en otra persona, alguien opuesto al Basilio que todos habían conocido hasta entonces.
II.
Había encargado a un equipo de expertos que elaborase un estudio sobre la calidad de vida en su ciudad; si se había degradado o no en los últimos decenios; si los salmantinos vivían mejor, igual o peor que antes. De dicho encargo se hizo un informe de más de cincuenta páginas, del cual selecciono los párrafos que me parecen más notables:
«Queda demostrado que la calidad de vida no depende de la posesión de una serie de bienes materiales. Una vez cubiertas las necesidades básicas, la acumulación de objetos no proporciona necesariamente la felicidad. Antes bien, concluimos que sucede lo contrario: los propietarios de muchas cosas se llenan de compromisos y deudas, y como acrecientan el miedo a perderlo todo se dispara en ellos el desasosiego, la ansiedad y el temor de verse algún día en la calle.»
«Se viene constatando desde hace tiempo que las calles y avenidas han triplicado los niveles de ruido conforme ha ido aumentando la densidad del tráfico. Hoy a duras penas se puede oír el canto de los pájaros, menos aún el susurro de las ramas. Este caos sonoro es causa de un continuo malestar que propicia el estrés y la desazón de los habitantes. Muchos se sienten desorientados, como si los hubieran sacado a la fuerza del terreno de juego. Por fortuna, han peatonalizado la Plaza Mayor y calles adyacentes, y esto ha permitido respirar a una buena parte de los vecinos.»
«Una encuesta en los centros hospitalarios ha dado los siguientes resultados: los casos de cáncer se han generalizado en la población (hasta el punto de que podemos hablar de una pandemia); la adicción a las drogas, alcoholes y medicamentos no ha hecho sino duplicarse de año en año; el número de suicidios ha experimentado una progresión espectacular (pero los medios, por acuerdo expreso con las autoridades, silencian esta noticia); desde las dos últimas décadas, la gente se ha puesto a consumir el doble y el triple de sedantes, tranquilizantes y pastillas para combatir el insomnio. Es un claro indicio de que algo anda mal en la cabeza de muchos ciudadanos.»
«La vida en los lugares públicos prácticamente ha desaparecido por dos razones fundamentales: la circulación de los coches ocupa casi todo el espacio y los vecinos se ven obligados a permanecer encerrados en sus casas; el peligro evidente de ser atropellado ha expulsado a los niños de las aceras, quienes ya no juegan como antes con la pelota, y las madres sustituyen la vida en comunidad con los otros niños por esa actividad pasiva que consiste en poner horas y horas a sus hijos delante de la tele.»
«Conclusión. La propaganda de los medios oficiales se equivoca en dos puntos: no es cierto que la vida en el campo sea peor que la de la ciudad, puesto que aquella aún conserva costumbres que favorecían la calidad de vida y que en la ciudad se están perdiendo a marchas forzadas; y tampoco es cierto que antes se viviera peor porque nuestros antepasados carecieran de automóviles, de teléfonos o de luz eléctrica. La calidad de vida tiene que ver con el desarrollo de las facultades personales. Pues bien, si nuestro actual modo de relacionarnos nos conduce a un aislamiento de los unos para con los otros, ¿cómo vamos a desarrollar esas capacidades personales que mejoran y aumentan la plenitud de vida? Nos han hecho creer que la felicidad consiste en acumular trastos (como si fuera una cuestión de cantidad), cuando es obvio que la felicidad depende sobre todo de las relaciones humanas, así como de las relaciones con el entorno.»
III.
Este informe pesó no poco en el ánimo de Basilio Carmona. Lo llevó a la concejalía; pero allí no le hicieron caso alguno. Lejos de desmoralizarse, reunió a un equipo de personas «concienciadas», biólogos, químicos, filósofos, periodistas arrepentidos, matemáticos y un escritor de bastante fama en la ciudad helmántica. Entre todos ellos, hombres y mujeres que se prestaron gustosos a exponer sus ideas y opiniones, elaboraron la Primera Carta Universal de los Derechos de la Bioesfera. Era algo que ya se había hecho con los seres humanos en general y los niños en particular. De lo que se trataba ahora era de ampliar esta serie de derechos al dominio de la tierra y el medio ambiente. Por falta de espacio no puedo recoger aquí todos los artículos que componen esta carta de sostenibilidad del planeta; me limitaré a transcribir los cinco primeros.
1. El planeta Tierra es de todos (o dicho de otra manera, no tiene dueño). Ningún grupo humano podrá expoliar o destruir los recursos naturales solo para satisfacer sus ansias de ganancias y sus intereses económicos particulares.
2. Ninguna parte de la tierra, del mar o del aire podrá ser contaminada de forma indiscriminada sin que esto no acarree penas de cárcel para aquellos que cometan la infracción. La contaminación de los ríos, de los mares y de la atmósfera será tipificada como un delito con graves consecuencias en el orden de lo penal.
3. Los espacios naturales deberán ser objeto de una especial protección y salvaguarda a fin de conservar las especies animales y vegetales que están bajo la amenaza de desaparecer. El mantenimiento de la biodiversidad es hoy una cuestión vital para todos y en la que todos los humanos somos responsables en igual medida.
4. Todo ser vivo, por el hecho de estar vivo y formar parte de nuestro mundo, merece un trato digno, una vida digna y una muerte digna. Queda prohibida la explotación intensiva de los animales en las granjas, así como el comercio de pieles, la investigación con cobayas, la esclavitud de cualquier ser vivo y el comercio salvaje de animales y plantas.
5. La prioridad del ser humano ha de ser la conservación intacta del suelo que pisamos, el agua que bebemos y el aire que respiramos. Es inadmisible que los intereses privados, económicos, especuladores y financieros prevalezcan sobre todo aquello que nos permite seguir vivos.


abril-ale
8 abr 2011 | 12:35 AM
El primer artículo y el último lo resumen todo.
Me encantó leerte.
Abrazos. :)
Jo
8 abr 2011 | 07:01 AM
Muchas gracias, Abril, el post es un poco largo, pero vale la pena llegar hasta el final. Un abrazo.
Jo
8 abr 2011 | 08:51 AM
Y aún falta por añadir otro punto muy importante:
«6. El desarrollo económico no podrá realizarse a expensas de la estabilidad misma del planeta. En caso de conflicto entre los intereses colectivos e individuales, primarán los intereses colectivos. La protección y conservación del medio ambiente serán siempre prioritarias frente a cualquier otro interés de orden económico o financiero.»
nofler
8 abr 2011 | 11:41 AM
mis mas sinceras felicitaciones por aportar tanto a esta apestada sociedad, gracias de corazón ojala tus palabras sean guía para darle un giro al rumbo del planeta, gracias.
Utrella!!!!
Jo
8 abr 2011 | 12:05 PM
Gracias a ti, Nofler, por tu inestimable ayuda, que me anima a seguir escribiendo. Es obvio que en el mundo hay un vacío legal con este tema: la tierra está desprotegida, ninguna ley la protege de los abusos y atropellos que a diario cometen las multinacionales. Esta ausencia de ley es lo que está provocando que alguien destruya poco a poco nuestro mundo y nadie pueda llevarlo a la justicia ni acusarlo de ningún delito.
metanoia
8 abr 2011 | 08:56 PM
Esta muy bien..., auque me temo que las cosas se proclaman cuando se han perdido. Pienso en mi padre, en mi suegro, trabajadores de la tierra y amantes de su huerto, que fueron grandes ecologista sin saber que quería decir esa palabra ni falta que les hizo.
Un saludo
anónimo
8 abr 2011 | 11:52 PM
Vivir con sencillez para que otros sencillamente vivan. Gandhi.
Jo
9 abr 2011 | 07:05 AM
Tienes razón, Metanoia, hay una frase que lo resume todo: "solo valoramos lo que tenemos cuando lo perdemos." En el pasado mucha gente fue ecologista sin pensar siquiera que era ecologista, era algo lógico y 'natural' en ellos, como debe ser. Si ahora nos planteamos la necesidad de volver a la ecología es porque estamos perdiendo el contacto con la tierra, que es justamente lo que nos da el sustento. ¡Qué absurdo y soberbio es el ser humano! Morirá enterrado en su basura diciendo: "Ya lo sabía, pero no hice nada por evitarlo porque yo soy muy listo y nunca reconoceré que me he equivocado." Es como aquel ahogado que muere con un dedo apuntando al cielo para mostrar hasta el final su ridícula grandeza.
Jo
9 abr 2011 | 07:09 AM
Gandhi fue un gran hombre. Ahora los gobernantes hacen exactamente todo lo contrario de lo que él pregonaba. Eso sí, lo han convertido en un semi-dios para ganar más taquillas en los cines.