A lo largo de la historia siempre se ha hablado de un señor que actúa en la sombra, de un señor que maneja los hilos del poder y el tráfico de influencias a partir de su condición invisible, la cual le garantiza una impunidad casi absoluta. Porque los negocios podían salir a fin de cuentas mal, podían rodar cabezas de ministros y altos cargos de la política; pero él seguiría estando ahí, ajeno a las turbulencias sociales, imperturbable al devenir de los hombres, que podía terminar siendo catastrófico.
Yo no sé si este ser legendario ha existido alguna vez, si continúa tejiendo un entramado de influencias con el único objetivo de hacer perdurar las injusticias y desigualdades sociales.
Yo no sé si se trata más bien de una oligarquía de poderosos que disponen de las cosas de este mundo según les conviene a ellos solos.
Yo no sé si en un cuaderno de notas apuntan cómo han de cargarse el mundo, los progresos que van haciendo en este sentido, los enemigos y opositores que van consiguiendo liquidar poco a poco.
Y como no lo sé, no me queda más remedio que acudir a la conjetura y –si me lo permiten– a la imaginación.
Y de este modo imagino que tal vez ese «señor oscuro» no lo sea, sino un ente salido del fondo de los abismos.
Y este monstruo abisal despliega sobre la superficie terrestre la forma de un pulpo enorme, un pulpo capaz de cambiar de color (aunque generalmente opta por los tonos sombríos) y de forma (ha sabido adaptarse a todos los climas: hoy es posible encontrar cualquiera de sus numerosos tentáculos lo mismo en la Patagonia argentina que en la cresta del monte Everest).
Estos tentáculos se arrastran por el suelo, se apoderan de los territorios y con sus viscosas ventosas atrapan animales, plantas y seres humanos: todo lo devoran, todo lo engullen. No se detienen nunca porque el apetito del monstruo es tan voraz que el planeta entero no basta a saciar su gigantesco estómago.
Las carreteras, con su diabólico alquitrán, constituyen los tentáculos de ese mal llamado «señor oscuro».
Y el humo de las máquinas y chimeneas sería la tinta con que la bestia intoxica la atmósfera.
Y sus víctimas somos nosotros, los hombres y mujeres que poblamos este condenado planeta. No tenemos escapatoria porque ya el «señor oscuro» ha llegado a todas partes.


lasrecetasdeteresa
23 may 2011 | 02:49 PM
Jo Gracias por avisarme, la verdad es que siempre me he preguntado por que no se ve mas ese atún rojo por los mercados, pero ya me lo has aclarado.
Te aseguro que no lo compro más, pues la palometa esta muy rica así cambien.
De los humos que me vas acontar, en las ciudades hay días que no se puede respirar, tu tienes suerte de vivir en un sitio tan precioso. Besitos
abril-ale
23 may 2011 | 06:40 PM
Son los grupos de poder los que nos devoran, son aquellos que pretenden el nuevo orden mundial. Y sí, desgraciadamente se han filtrado en todo el planeta con su plan espantoso.
Abrazos fraternos.
Jo
24 may 2011 | 06:15 AM
Hola, Teresa, no te preocupes. Mucha gente no sabe que el atún rojo está a punto de desaparecer. Es una noticia importante, en consecuencia los medios de comunicación la silencian porque hay cosas que no interesan que se sepan. Ya sabes quiénes son los que sujetan la sartén por el mango.
Jo
24 may 2011 | 06:16 AM
El señor oscuro es en este artículo el petróleo: lo hemos sacado del fondo de los abismos y ahora está destrozando nuestras vidas. El proceso camina a buen ritmo. Los servidores del oro negro se salen siempre con la suya.
charlitox
24 may 2011 | 08:49 AM
Jo, yo creo que ese señor oscuro no es uno sino muchos y no es tan oscuro porque tiene nombre y apellidos. Todos sabemos quiénes son los que mueven los hilos...
Salu2
Jo
24 may 2011 | 01:55 PM
Tienes razón, Carlos: Endesa, Repsol, Monsanto, coca-cola, Renault, etc. son las siglas de esas asociaciones criminales. Con el apoyo de los gobiernos, actúan de manera impune por todo el mundo.
gabriela
25 may 2011 | 01:12 AM
Encontré esto, que es muy interesante y por eso te lo envío, jo.
http://blog.rtve.es/vicenteromero/2011/04/indignaci%C3%B3n.html
Jo
25 may 2011 | 05:35 AM
Es un gran artículo, Gabriela, no estamos solos en esta lucha contra un capitalismo feroz, sin escrúpulos, donde los criminales se salen siempre con la suya porque los gobiernos les apoyan. Es cierto que cada vez hay más voces de alarma, pero me temo que no lleguemos a tiempo de parar la debacle.
gabriela
25 may 2011 | 06:09 AM
Amigo mío, no es hora de "tirar la toalla".
Si perdemos la esperanza, estamos perdidos...
Gracias a que gozamos de esta tecnología, podemos saber que no estamos solos, ¿no te parece?
Jo
25 may 2011 | 06:36 AM
Sí, cada vez somos más y nuestra voz de protesta empieza a oírse en los mismos despachos oficiales y en las narices de quienes dirigen el mundo según les place. Nos hemos convertido en esa voz de la conciencia que ya les amarga sus noches de sueño.