Mi abuela decía que cada problema tiene su solución (excepto la muerte). Estoy de acuerdo con ella, y aún pienso que la muerte no es ningún problema sino la solución definitiva, la última en todo caso. Como cada vez me muestro más escéptico con el papel que desempeñan los políticos (¡uf, qué tirria me da hablar de ellos!) voy a realizar un breve cuadro de los problemas urbanos y sus posibles respuestas:

 

Problema

Solución

Anti-solución

Tráfico saturado

Reducirlo

Aumentar las tasas, el número de multas y los precios de la gasolina

Demasiados camiones en las carreteras

Desarrollar los transportes de mercancías en tren

Inventar un nuevo impuesto para los camioneros

Ciclistas en peligro

Desarrollar al máximo los carriles para bicis y despejar los cascos antiguos de tráfico

Multar a los ciclistas que se suben a las aceras

Elevados índices de contaminación atmosférica

Poner en marcha –por fin– el vehículo eléctrico

Falsificar los datos de la polución (como ya hizo el ayto. de Madrid)

 

¿Qué medidas adoptan los gobiernos para cada problema? Supongo que ya lo habéis adivinado: las que encajan en la casilla de las anti-soluciones; estas no permiten arreglar el conflicto pero sí aumentar los ingresos en las arcas municipales. ¡Cualquiera diría que esto es lo único que les preocupa! Viven una pura obsesión por el dinero (y lo mismo le pasa a la mayoría de los periodistas, que en sus programas no saben hablar de otra cosa).