«La acumulación de ansiedad durante todo el día es la primera y más importante causa de insomnio, según el doctor Eduard Estivill. Para este especialista la solución tampoco es inmediata, necesita cierto tiempo y un proceso para remitir. Además de los recursos farmacológicos, se deben adoptar una serie de medidas higiénicas [¿?], como: mantener unos horarios regulares para dormir (el cerebro está más preparado para conciliar el sueño entre las 12 y la 1 de la madrugada); no dormir la siesta hasta que se haya resuelto el problema de insomnio; realizar algún tipo de ejercicio suave durante el día; suprimir la cafeína y limitar o evitar el alcohol; reducir al máximo el tabaco, ya que la nicotina (a partir de 10 cigarrillos) es un estimulante que dificulta dormir, además de provocar problemas respiratorios que empeoran la calidad del sueño; cenar dos horas antes de acostarse; y, sobre todo, intentar no llevar los problemas y las preocupaciones a la cama.»
Mía, mayo de 2005
Breve análisis: He aquí un ejemplo de publicidad encubierta o implícita. El mensaje secreto que interesaba transmitir era el siguiente: «los medicamentos ayudan a combatir el insomnio.» El resto del artículo solo sirve de relleno y no aporta ninguna información útil a las personas que padecen esta enfermedad. El hilo conductor sería como sigue:
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La ansiedad produce insomnio |
Los productos de la farmacia ayudan a combatirlo |
Existen otros recursos (suprimir la siesta; eliminar el tabaco y el alcohol; etc.) |
Y, sobre todo, hay que olvidar las penas cuando vas a la cama |
Al leer la última casilla advertimos que el mensaje consistía en decirnos que la solución reside en nosotros mismos. Esto es muy cierto, pero no porque suprimamos la siesta o el tabaco, sino por el hecho de acudir al único remedio válido: debemos reducir al máximo la ansiedad y el estrés.
¿Cómo conseguirlo, si nos imponen un ritmo de trabajo, un ritmo de consumo que no favorecen en absoluto el sosiego o la paz interior?
Para desterrar la ansiedad tendríamos que renunciar al empleo, cambiar de casa, de ciudad, de país... ¡Irnos a vivir a una isla desierta sería la solución ideal!
¿Acaso todo el mundo puede escapar a este ritmo frenético de vida que arrastramos? Bien al contrario, muy pocos son los que logran huir de la vorágine.
Conclusión: El remedio al insomnio está en cambiar de forma de vida. Esto es del todo imposible en la mayoría de los casos. La industria farmacéutica saca provecho con el estrés y la angustia de la población: cuantos más insomnes circulen por el mundo, más ganan ellas vendiendo las dichosas pastillas que en realidad no hacen sino crear adicción.


abril-ale
17 jul 2011 | 08:17 PM
La solución está en abandonar la "civilización" e internarnos en el campo a vivir en franca armonía con la naturaleza. Obvio, sólo un bajo porcentaje de habitantes del mundo estarían dispuestos a abandonar las selvas de cemento que la modernidad nos ha impuesto. Lamentablemente seguiremos autodestruyéndonos. Triste realidad.
Abrazos.