«La gente palpa el género en exposición para cerciorarse de la calidad de lo que mete en la cesta. Tocan la fruta, la sienten en la palma de la mano, la desechan; y repiten la operación con la de al lado hasta encontrar la que les satisfaga. Muchos productos se echan a perder por culpa de esta manía de tocar la fruta.»

 

Testimonio de una frutera del mercado.

 

Breve análisis: Se trata de un hábito muy extendido en los clientes, no importa que sean hombres o mujeres. Se pasean por entre los puestos de frutas, hortalizas y verduras, y con sus maneras de consumidor ultraexigente van palpando el género, apretando el género, machacando el género. En la frutería de cierto mercado que frecuento un señor amigo mío calcula que el 20% de la cosecha se echa a perder de este modo al final de las jornadas. Este despilfarro se lo puede permitir una gran distribuidora, pero no el pequeño comercio, de ahí que a menudo leamos los carteles: «por favor, no toquen el género.»

Por desgracia, este mal hábito ha cundido como la pólvora; la gente ve como algo normal el que los unos y los otros anden toqueteando los alimentos del vecino. Para mí representa una prueba de que el egoísmo señorea en todos los ámbitos de la vida pública: «si yo salgo ganando, ¿qué me importa que los demás ganen o pierdan?» Este es el pensamiento que parece dominar en la mente de los ciudadanos. Y así nos va, dicho sea de paso.

Como colofón a este artículo, he aquí una serie de datos que tienen que ver directa o indirectamente con la manía de tocar la fruta:

 

En las cantinas escolares un 60% de la comida termina yendo a parar a la basura

El Corte Inglés, por ejemplo, protege los productos de la huerta con envoltorios que contaminan el planeta

Cuando el consumidor compra la carne envasada paga el envoltorio sin saberlo (encarece el producto hasta un 5%)

La cantidad que produce la tierra no se corresponde con el consumo: asistimos a un derroche a todas luces insostenible

 

Conclusión: sería bueno que el consumidor adquiriese este hábito: «fruta que selecciono con la vista, fruta que meto en el capazo, sin otros tocamientos.»