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Terra
La Coctelera

7 Julio 2011

Se considera que la Organización Mundial de Comercio (OMC) es la organización internacional de mayor poder efectivo: el Artículo 16.4 del acuerdo por el que se creó consagra su preeminencia frente a los derechos nacionales de cada uno de los Estados. En este Artículo se señala que los gobiernos de los países miembros tienen que informar a la secretaria de la OMC y a los demás miembros sobre sus legislaciones actuales y sobre cualquier normativa o regla que pudiera estar relacionada con los temas en que es competente esta Organización, en otras  palabras, todos sus miembros tienen que adecuar sus marcos jurídicos a las reglas de funcionamiento de la OMC . A ese respecto, se debe decir que la OMC se ha declarado competente en multitud de temas que no son de comercio: ha convertido en mercancías, en productos que se venden y se compran, todos los componentes de la vida humana.

Por otra parte están los artículos III.4 y III.5 en los que se advierte que los países deben ser revisados a intervalos regulares. Para hacerse obedecer la OMC se ha dotado de un órgano, el Órgano de Solución de Desavenencias (o Conflictos), cuyas decisiones son obligatorias.

Para el economista Michel Chossudovsy,  el proceso de creación de la OMC  es "manifiestamente ilegal". Según él, la OMC se ha instalado como una "organización totalitaria que trasciende a los gobiernos", autorizada por la ley internacional a "adaptar las políticas económicas y sociales de los países y despreciar los derechos soberanos de los gobiernos nacionales". Más aún, en su opinión, los artículos de la OMC no sólo contradicen las leyes nacionales e internacionales existentes, sino que también se encuentran en contradicción con la declaración universal de los derechos humanos. (Leído en El libro negro de las marcas. El lado oscuro de las empresas globales, de Klaus Werner y Hans Weiss, periodistas free lance, 2004, Random House Mondadori, Barcelona, págs. 247-248). Michel Chossudovsky es un economista canadiense, profesor visitante de la Universidad de Otawa, considerado uno de los mayores expertos en estos temas.


Hasta tal punto la OMC atenta contra la democracia de los Estados miembros que la privatización de un servicio, sea o no público, no puede ser alterada por un gobierno posterior. Sin embargo, si los ciudadanos votan a un partido distinto es porque no estaban de acuerdo con las actuaciones del anterior; decir que el nuevo no puede modificar lo que ha hecho el anterior es limitar muy seriamente la voluntad del pueblo y, por tanto, cercenar la democracia.


Internamente, la OMC es opaca en su funcionamiento; a pesar de lo que se dice en sus estatutos: siempre ha evitado el voto en la toma de decisiones y concentra el poder en los países del Quad (EE. UU. la UE, Japón y Canadá) , dominados, como ya se ha dicho, por los lobbies de las multinacionales.


En el marco de la política comercial de la UE, los países miembros están representados por uno negociadores y, en primera instancia, por el comisario europeo de comercio. Los países de la UE fijan el mandato de estos negociadores a través del Comité 133 (llamado así por el Artículo 133 del tratado de Amsterdam que rige las negociaciones comerciales). Este Comité está integrado por altos funcionarios que, por definición, no son representantes electos, y cuya actuación está muy alejada de la transparencia y el funcionamiento democrático: nunca se informa ni a los ciudadanos ni a sus representantes parlamentarios de las deliberaciones y decisiones adoptadas.
Fuente del artículo:

7 Julio 2011

«No engordan.

Es bueno saber que las pipas de girasol al igual que el resto de frutos secos forman parte de la dieta mediterránea. Suelen calcularse las calorías por 100 gramos de productos, sin tener en cuenta que las raciones varían según el tipo de alimentos. Poca gente comería 100 gramos pero sí 50 y en este caso es de tan solo 140 kilocalorías (kcal.)

Un vaso de leche entera (200 gr) aporta 120 kcal.

Una manzana de tamaño mediano (200 gr) aporta 120 kcal.

50 gr de pan aporta 125 kcal.

50 gr de galletas aportan 220 kcal.

50 gr de pipas aportan 140 kcal.

La realidad es que las pipas de girasol aportan importantes sustancias protectoras de la salud a la vez que resulta un tentempié que sacia el apetito, agradable, divertido y de pocas calorías.»

 

Revista Mía, mayo de 2005

 

Breve análisis: Este anuncio trata de combatir uno de los prejuicios que sin duda perjudican a la venta de las pipas de girasol: se dice que engordan. El publicista acude a las cifras («¿cuántas kilocalorías hay en...?») y se propone que el producto que va a promocionar no rebase una cantidad determinada; para ello hace disminuir el peso del mismo, es decir, la cantidad de pipas ingeridas: «Poca gente comería 100 gr de pipas, pero sí que está dispuesta a comer 50; en ese caso solo ingiere 140 kcal.»

¿Por qué le interesa alcanzar esta cifra y no otra? Porque es la que más se aproxima a la manzana (un alimento que goza de gran prestigio). No es nada difícil manipular los datos: se modifica el peso del producto para obtener las kilocalorías que más convienen al propósito de lavado de imagen de las pipas.

¿No estamos, pues, ante otro de esos casos de publicidad engañosa? Mucho me temo que sí...

 

Productos de 200 gramos

Productos de 50 gramos

La leche – 120 kcal.

La manzana – 120 kcal.

El pan – 125 kcal.

Las galletas – 220 kcal.

Las pipas – 140 kcal.

 

Si en lugar de cambiar las cifras se mantuvieran los datos de forma fija, nos saldría que 200 gr de pipas contienen ¡560 kcal! Para el publicista eran demasiadas; como si fuese un malabarista, lo único que ha hecho ha sido disminuir el peso.

Por otra parte, me parece que este anuncio está descompensado: gasta una cantidad asombrosa de energía para tratar de demostrarnos que no engordan; y solo dedica dos líneas para hablarnos de sus virtudes: las pipas aportan sustancias protectoras de la salud (pero no dice cuáles) a la vez que resultan un tentempié que sacia el apetito, y son agradables, divertidas y de pocas calorías [esto último ya hemos visto que no es verdad].

Conclusión: este anuncio no está hecho para promocionar las virtudes de la pipa en tanto que fruto seco, sino para combatir la creencia popular de que engorda. Da la impresión de que los promotores no se conforman con el número de bolsas que venden; quieren disparar las ganancias. En tanto que consumidor, les diría que no es el tema de las kcal. el que me preocupa, sino saber que las plantaciones de girasol soportan hoy una dosis tremenda de pesticidas y otros productos igual de nocivos para la salud.

5 Julio 2011

«La multiplicación de máquinas favorece la concentración de mano de obra en las fábricas y aumenta la producción en proporciones hasta entonces desconocidas. En este nuevo lugar de producción, la fábrica, los obreros, convertidos en asalariados, están sometidos a horarios estrictos y a una nueva disciplina de trabajo. La fábrica, que a menudo solo necesita una mano de obra poco cualificada, recurre a las mujeres y a los niños. Sin embargo, los modos de fabricación tradicionales se mantienen: la artesanía urbana y el trabajo en el campo completan una buena parte de la producción. A lo largo del siglo XIX, el PNB de Europa se multiplica por cuatro. Este crecimiento se debe a la oferta de nuevos productos, como el algodón, pero lo estimula aún más un aumento del consumo. La demanda crece sobre todo en la clientela popular, que consume productos a buen precio que la fábrica es capaz de producir en serie y a bajo coste

 

Curso de Historia, M.-H. Baylac. Ediciones Bordas, p.17

[libro escrito en francés. La traducción del fragmento es mía.]

 

Las bases del sistema capitalista se fijaron muy pronto, como podemos comprobar en este fragmento que se refiere al periodo histórico comprendido entre 1850 y 1880. Si nadie nos revela las fechas hubiéramos podido pensar que alude a la época presente.

Las bases del sistema capitalista se resumen, pues, en este cuadro:

 

+ producción

+ PNB

+ demanda

+ oferta [se abarata el coste de producción y se ofrece una gama cada vez mayor de productos a buen precio: la clientela popular se convierte en consumidora por excelencia.]

A esto lo llaman progreso, que viene a ser el resultado del libre comercio impuesto en todos los países del mundo.

 

Este mecanismo, mediante el cual todo se dispara y sube como la espuma, se puso en vigor en cuanto la tecnología lo hizo posible (es decir, en cuanto la máquina de vapor hizo acto de presencia). Todo cuanto ha venido sucediendo después no son sino perfeccionamientos del modelo capitalista, que es el que hoy impera en todas partes gracias al fenómeno de la globalización.

Antes y ahora se buscaba sobre todo la rentabilidad. Llevamos un siglo y medio con la obsesión por aumentar los beneficios a cualquier precio, sin hacer caso de las consecuencias. Pero hemos llegado a un punto donde nos es forzoso reconocer que más importante aún que la rentabilidad es la sostenibilidad, porque la política del «parcheo» (ese tratar de tapar agujeros o desperfectos) y la del «bosque quemado» (la cual consiste en agotar los recursos naturales de un sitio para comenzar luego el mismo proceso en el sitio de al lado) están acarreando consecuencias calamitosas para la población mundial. Dicho con otras palabras, el modelo capitalista no se sostiene. Es materialmente imposible que se sostenga a medio o largo plazo. Por todas partes hace aguas:

El consumo lo han inflado hasta la exasperación. Pero la población ahora está harta de consumir y da signos claros de agotamiento.

¿Y el abastecimiento? ¿Hasta cuándo habrá disponibilidad de la materia prima si nos dedicamos a intoxicar los cultivos con pesticidas, a incendiar los bosques y a diezmar los recursos pesqueros? Nada es eterno. El hombre no puede presumir de «avanzado» o de «civilizado» si se empeña en destruir el medio que le proporciona un sustento.

¿Y los daños colaterales? El continuo saqueo de los recursos naturales provoca la extinción de millares de especies, además del empobrecimiento de millones de personas: hoy mil millones de individuos no tienen acceso al agua potable.

¿Y las consecuencias de la contaminación indiscriminada, así como los desastres que trae consigo el cambio climático? Está claro que solo hay un camino para que podamos salir ilesos de semejante atolladero: es necesario buscar no la rentabilidad mediante la hinchazón del consumo sino la sostenibilidad, y para ello tenemos que renunciar a un progreso basado exclusivamente en la cantidad; y renunciar también al despilfarro; y renunciar, por último, a la tajante división entre países ricos y pobres. Este modelo bidireccional debe ser reemplazado por otro donde en todas partes la población pueda disfrutar de una vida digna, sin agobios ni asperezas.

5 Julio 2011

Fuente: www.consumoresponsable.com

Actualmente, la necesidad de organizar la economía según la justicia y el respeto al hombre, a los recursos y a la naturaleza ya no es una cuestión de opinión moral o política, es un imperativo vital que nos exige a todos poner de nuestra parte. Las instituciones tienen que cumplir su cometido y así debemos exigirlo, pero no olvidemos que tenemos a nuestra disposición unos medios de intervención que pueden tener una influencia directa sobre los centros de poder económico. Esta posibilidad no deriva de derechos particulares garantizados por la ley sino de la voluntad de vivir de forma responsable en lo cotidiano, como el trabajo, el ahorro y, sobre todo, el consumo.

Un Consumo Crítico es aquel que se pregunta por las condiciones sociales y ecológicas en las que ha sido elaborado un producto o producido un servicio. Es una actitud diaria que consiste en elegir de manera meticulosa lo que compramos sobre la base de dos criterios: la historia del producto y la conducta de la empresa productora, señalándole al sistema los métodos productivos que aprobamos y los que condenamos.

Un Consumo Ético sería el que se ejerce cuando se valoran las opciones como más justas, solidarias o ecológicas y se consume de acuerdo con esos valores y no solo en función del beneficio personal. Desde el consumo ético hacemos especial énfasis en la austeridad como valor, como una forma consciente de vivir, dándole más importancia a otras actividades que al hecho de consumir y teniendo la capacidad de distinguir entre necesidades reales e impuestas; organizándolas, además, a nivel colectivo, garantizando así a todas las personas la satisfacción de sus necesidades fundamentales con el menor despilfarro.

La incorporación de estos valores en nuestro consumo no tiene que disminuir el bienestar y la calidad de vida, más bien todo lo contrario. Es signo de bienestar comer carne, pero deja de serlo cuando constatamos en muchos de nosotros nuestros niveles de colesterol, o comemos con tanta abundancia que son frecuentes los problemas de obesidad. Parece "ventajoso" para nosotros trasladar las industrias contaminantes al Sur ¿pero no estamos todos bajo la misma capa de ozono?, ¿no sube por igual en todo el planeta el nivel de los mares?, ¿ acaso se puede establecer una frontera a la onda expansiva de un accidente nuclear?

Todo esto implica a todas las esferas de nuestra vida, a nuestras opciones más personales y supone, por tanto, un esfuerzo, pero no es algo imposible. Un primer paso sería esa toma de conciencia en el ámbito personal, y un segundo, compartir nuestras reflexiones para construir una conciencia colectiva.

Este tipo de consumo implicaría dos aspectos fundamentales:

* En primer lugar la búsqueda de información y la formación de un pensamiento crítico con la realidad que nos rodea, con los medios de comunicación y la publicidad, cuestionándonos qué hay detrás de cada cosa que consumimos y cuáles son sus consecuencias.

* En segundo lugar, la reducción de nuestros niveles de consumo como una opción ética. Si nuestro modelo de desarrollo no es universalizable ni ecológicamente, ni por las estructuras injustas que genera, no es posible que mantengamos esta situación. Se trata de cambiar nuestro hábito de consumismo, optando por un modelo de bienestar y felicidad no basado en la posesión de bienes materiales. "No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita". Es, en definitiva, un cambio en nuestra escala de valores y en nuestras prioridades. Esto nos permitiría, por ejemplo, dedicar una mayor parte de nuestro presupuesto a comer de forma sana, disfrutar nuestro ocio de una manera más constructiva, reducir nuestro tiempo de trabajo, invertir en solidaridad, etc.

Esta propuesta de no-colaboración con un sistema económico que genera injusticia y destruye el medio ambiente es un deber moral y político fundamental. El sistema nos necesita como consumidores, somos el último eslabón de la cadena. El pequeño poder del consumidor puede ser muy eficaz tanto para nosotros como para los países del Sur; sólo habría que comenzar a reivindicar una mayor autodeterminación en apariencia poco política y heroica, de elección de nuestros alimentos, de nuestras compras para la vivienda, de nuestros vestidos, del uso de nuestro dinero, del tipo de embalaje que aceptamos o rechazamos. Lo que falta es desarrollar una conciencia crítica y verdaderamente solidaria acompañada de comportamientos más colectivos y políticos: cuando hacemos la compra no tenemos que dudar que somos poderosos y que las empresas están en una situación de profunda dependencia de nuestros comportamientos como consumidor.

De nuestra responsabilidad y nuestro poder como consumidores se derivan unas obligaciones que podrían resumirse en:

* Ser críticos con nuestro consumo y nuestra forma de vida, aplicando valores éticos.

* Exigir información e informarnos acerca de las condiciones sociales y medioambientales en las que un producto o un servicio ha sido elaborado, como ha llegado hasta nosotros y cuales son sus consecuencias.

* Reducir nuestro consumo, como opción ética y ecológica, optando por un modelo de bienestar y felicidad no basado en la posesión de bienes materiales, lo cual repercute tanto medioambiental como socialmente.

* Practicar un consumo respetuoso con la naturaleza, reduciendo, reutilizando y, por último, reciclando y consumiendo productos ecológicos y artesanos.

* Practicar un consumo solidario y socialmente justo, respetuoso también con las personas y las culturas, en el que por supuesto no existan la discriminación ni la explotación.

4 Julio 2011

Ya sabéis que estuve en España en abril; las ciudades que visité fueron Ledesma, Salamanca y Segovia. Aquí os dejo una selección de las mejores fotos:

 

 

 

 

 

Piedra con forma de pez en las afueras de Ledesma, donde hay magníficas encinas.

 

 

 

 

 

 

El acueducto de Segovia, por supuesto.

 

 

Yo y mi esposa. Para que luego no digáis que soy tímido.

 

El Alcázar de Segovia.

 

 

 

 

 

La procesión de Segovia.

 

 

3 Julio 2011

http://issuu.com/turriano/docs/va_n_12

Embeber Issuu:

Con el número que nos ocupa, Visiones de la Antigüedad se despide temporalmente hasta septiembre, motivo por el cual os ofrecemos este mes ración doble de contenidos. Todo sea por el bien de nuestros queridos lectores.

Abriremos la batería de artículos con dos aportaciones de Miguel Ángel Maca: la primera centrada en la figura del aventurero Percy Harrison Fawcett, mientras que la segunda tratará de las peculiares contingencias a las que se enfrentaba Stephen Tripp, el coordinador de la ayuda de Estados Unidos a países extranjeros afectados por catástrofes, en Mr. Catástrofe.

Tal como viene siendo habitual, Deralte nos brindará tres artículos que a buen seguro gustarán al lector. El primero, Niños tristes, habla de los grandes contrastes que hay de un sitio a otro del globo, y lo mucho que puede cambiar la infancia de los niños por vivir en uno u otro. Con El primo Truman y el tío Che, Deralte nos habla de una pequeña “leyenda” familiar que se mezcla de manera irremediable con el famoso Truman Capote. Por último, en Bailando Palo de Mayo con Miss Jane en Greytown, recordará su viaje al poblado de San Juan del Norte.

Así mismo, José Ramón Miranda trae una nueva entrega de Rincón Literario, Willy, narrada con su incuestionable calidad literaria. En el tema del mes, Abanico de Extravaganes, comentará un pequeño fragmento del Diario de Teruel del 20 de octubre de 1994, en el que se habla de un alcañizano, Antonio Molías Romero. Por último, en Viento de Bombardino, con Prohibido ser pobre, pondrá al descubierto las evidentes intenciones de los políticos en relación a los desafortunados vagabundos.

Joaquín Martínez, en La Ñ del Profesor, nos deleitará con tres artículos más. El primero, una pequeña lección sobre lo que el ser humano hace con este planeta, con El niño autista. Acto seguido, en Un negocio redondo: jugar con la salud de la gente, se pone de manifiesto una verdad aterradora: los que mandan quieren regular la población a cualquier precio. Finalmente, en Los Prosistema, remarcará los puntos principales que un defensor del sistema actual porta con sus ideas.

Óscar García, en Tejiendo Agua, viene este mes con dos artículos bastante diferentes entre sí. El primero, Naturaleza Ajena, es una pequeña reflexión sobre sus propias vivencias, y que se centra en la enorme diferencia que hay entre vivir en el campo y en la ciudad. Con Ciclo, el segundo texto, apuesta por una línea más abstracta y críptica, de libre interpretación.

Alejandro García Alamán, cumpliendo con lo prometido, pondrá el broche final a los dos últimos artículos de los cuales hemos publicado sus respectivas primeras partes. Así pues, el lector podrá disfrutar de Pedro Téllez Girón, el Gran Duque de Osuna, Last Action Hero (II) y de La Guerra de Flandes (II). No se pierdan el desenlace.

Jim Alegrías, en esta ocasión, siempre sorprendiendo, nos acerca la figura de uno de sus autores favoritos: Ray Bradbury.
¿Los comics son demoniacos? La respuesta en la segunda aportación titulada Batman, la serie de televisión más camp.

Y, como es habitual, también podréis encontrar en este número una variada selección de las noticias más interesantes del panorama internacional, científico e histórico.

Nº 12 de Visiones de la Antigüedad.

2 Julio 2011

Gracias por defender el medio ambiente, para mí, para todos los peruanos, para toda la humanidad.

Gracias por defenderlo contra la voracidad del gran capital que lo ataca cada día más en muchas formas.

Gracias por no amedrentarse ante el gobierno asesino que defiende a sus amos matando peruanos.

El gran capital multinacional, en su voracidad de ganar cada día más y más millones, ataca en muchas formas a la Madre Naturaleza:

La ataca con el calentamiento global producido por la emisión de gases de invernadero de las grandes industrias, los que calientan el aire cada vez más, haciendo que los hielos de los polos y las nieves de las cordilleras se disuelvan, que aumente el agua del mar tragando islas e inundando costas, desapareciendo arroyos, adelgazando ríos.

De vez en cuando se reúnen los grandes calentadores del mundo para tratar el tema como lo hicieron en Copenhague donde no acordaron disminuir el calentamiento ni un solo grado. Peor en Cancún donde además de no acordar rebajar ni un solo grado el calentamiento acordaron convertir el aire en mercancía y desalojar de los bosques a las poblaciones indígenas quienes los protegieron durante milenios.

Ese calentamiento produce grandes desarreglos climáticos, veranos más calientes e inviernos más fríos. Produce inundaciones como en Pakistán donde se inundó la cuarta parte del territorio, o como el diluvio del Cusco que hizo que un río de barro atravesara la población de Zurite, durante semanas y mató grandes extensiones de cultivos campesinos. Produce huracanes como el Katrina que destrozó Nueva Orleans en Estados Unidos.

Cuanto más avance el calentamiento que los capitalistas no acuerdan detener ni disminuir, los desastres que ellos nos dicen que son “naturales”, serán cada día mayores, hasta que llegue la extinción de la especie humana, como ya se están extinguiendo especies animales y vegetales.

Otra forma de ataque es la que ahora ustedes valientemente están combatiendo: La minería a cielo abierto que destruye montañas para sacar oro u otros metales. Para hacerlo, roba el agua de la agricultura y la envenena.

Otro ataque es la construcción de hidroeléctricas que quitan el agua de la agricultura como la que pretenden hacer en Salkapukara, Canchis, Cusco o la que pensaban hacer en Inambari afectando tres departamentos y expulsando miles de indígenas y campesinos de sus viviendas y cultivos. Gracias a los hermanos de Carabaya el gobierno sirviente del gran capital, retrocedió.

Una forma más de ataque es la agroindustria, en manos de grandes capitales, que roba agua de la pequeña agricultura como sucedió con la del Colca en Arequipa y ahora pretenden robar a Espinar del Cusco. Roba el sagrado líquido para cultivos como espárragos y alcachofas que absorben mucha agua y no alimentan a los peruanos, van a los Estados Unidos y llenan de dinero los bolsillos de las empresas agroindustriales que matan el suelo con el uso intensivo de agroquímicos (fertilizantes, insecticidas, herbicidas).

Hay muchos otros ataques más, como la pesca de arrastre o las fábricas de harina de pescado en Chimbote.

Hasta hoy los gobiernos han actuado de sirvientes de este ataque. Tienen la desvergüenza de montar procesos judiciales contra los defensores de la naturaleza como ahora lo están haciendo con vuestros representantes.

Los grandes capitalistas depredadores usan en contra del pueblo que se defiende de la depredación: Policía, Ejército, Poder Judicial, la gran prensa manejada por ellos, etc. Con su dinero compran todo eso para continuar atacando el medio ambiente y matar y encarcelar a quienes se oponen a sus crímenes. Por supuesto lo hacen en nombre del “progreso”, de la “ley”, del “orden”.

Ese “progreso” es un progreso hacia la falta de agua, hacia la muerte de la naturaleza y la futura extinción de la humanidad. ¡No necesitamos ni queremos ese “progreso”!

Afortunadamente los pueblos se resisten a la depredación: Como lo ha hecho y ha triunfado Tambogrande en Piura. Como lo han hecho Ayabaca y Huancabamba con el plebiscito que gritó: “¡Vida sí, mina no!”. Como lo ha hecho hace poco Cocachacra en Islay, Arequipa, donde Alan García ordenó asesinar 3 personas y herir 50. Como lo hicieron los hermanos awajun y wampis en Bagua donde por orden de Alan asesinaron alrededor de 200 hermanos, no 10 como dicen las cifras oficiales.

El ataque del gran capital multinacional a la naturaleza no es sólo en el Perú, es en todo el mundo. La resistencia de los pueblos también es mundial. Los indígenas panameños, bloqueando la carretera panamericana hicieron retroceder la legislación pro-minera. Nuestros hermanos mapuches luchan valientemente en Chile y Argentina. En Estados Unidos nuestros hermanos navajos luchan contra la minería de uranio en el Gran Cañón del Colorado. Los indígenas dongria condh de la India lograron impedir el ataque minero a su montaña sagrada.

Desgraciadamente estas luchas son sólo regionales, no es toda la población de un país la que protesta contra este ataque. Hasta ahora eso sucede en el Perú.

Sin embargo la lucha en defensa de la naturaleza se está extendiendo: Ha entrado una cabalgata a Montevideo, capital del Uruguay, a protestar contra el ataque a la naturaleza.

En Santiago de Chile y las principales ciudades de ese país, el mes pasado se realizaron gigantescas manifestaciones en protesta contra el proyecto hidroeléctrico en la Patagonia, que queda cerca al polo sur.

En Alemania, luego del desastre nuclear en Japón, las cadenas humanas han hecho retroceder a la Merkel quien ha prometido que en unos años más desaparecerá la energía atómica en ese país.

Anteayer y ayer la población italiana aprobó en un plebiscito que el agua no es una mercancía sino un servicio público y que no se privatizará. Además acordó: “Energía atómica ¡NO!”.

Nuestra tarea en el Perú es lograr que toda la población entienda que la defensa de la naturaleza es tarea de todos, pues a todos nos afecta su destrucción. Que el apoyo a vuestra lucha no es simplemente un acto solidario, sino una autodefensa de la población peruana en defensa de la naturaleza y por lo tanto de la existencia humana.

Ayer, cuando ustedes estaban frente al Ministerio de Energía y Minas, señores, supuestamente “cultos”, que pasaban en sus carros, les miraban con gesto desdeñoso, despectivo. Lo correcto era que se bajen de sus coches, se acerquen a ustedes y les digan “¡Gracias por luchar en defensa del derecho al agua de mis hijos y nietos!”.

Hermanos, es obligación vuestra y nuestra, educar a la población de nuestro país en que el deterioro a la naturaleza es un ataque a todos. Debemos contrarrestar las mentiras desparramadas por los grandes medios de comunicación al servicio de las grandes empresas que los sostienen.

¡Hagámoslo!

Hugo Blanco, 14 de junio de 2011

FUENTE: http://www.luchaindigena.com/

29 Junio 2011

La señora de la limpieza

29 jun 11 En: Cuentos

Mi mujer es muy limpia y hacendosa. Tiene su casa reluciente como un espejo. Se ha declarado acérrima enemiga del polvo y de sobra he comprobado que ella y el término «mancha» son incompatibles: allí donde hay una mancha asoma ella con la bayeta, el mocho, el estropajo, o lo que sea, y la hace desaparecer a base de rasca, rasca que te rasca. No se cansa de limpiar. Ya son muchos los potingues que lleva gastados para cuidar unas manos castigadas de tanto frotar. Los productos tóxicos que utiliza a mí me huelen mal y barrunto que están acabando con la tersura de su piel. Pero ella no puede, no puede cambiar de estrategia y siempre anda a la greña con la suciedad.

Sospecho que ya da en manía: hasta las volutas de humo le molestan, porque para ella todo ha de estar limpio, claro y brillante como una mañana diáfana, henchida de buenos augurios.

El caso es que hace poco me han dado las vacaciones. Y por eso mismo estoy muy ocupado con las cosas del ordenador, pues tengo algunos proyectos en mente y no me da la real gana de dejarlos para mañana.

Y el caso también es que por más que me levanto temprano para trabajar cómodo, la oigo y la requeteoigo trajinando por la casa, con su cubo, con su escoba, con su paño que incansable persigue cualquier traza de polvo.

¿No sabe la infeliz que toda la tierra es polvo y que estamos hechos de polvo y que incluso el agua vuelve al polvo, convirtiéndose en barro?

Pero mis especulaciones no sirven de nada. Ella no se cansa, no se cansa de manejar el mocho lo mismo que yo manejo mis escritos dentro del ordenador. Una mañana que me sentía muy inspirado salí a la terraza a respirar y llenar los pulmones de ese bienestar que solo da la satisfacción del trabajo bien hecho. Mi esposa, por su parte, seguía limpiando, limpiando...

¿No te cansas? –le pregunté al entrar en el salón.

-Y tú, ¿no te cansas de escribir?

Es que llevo entre manos una historia muy interesante. Trata de un matrimonio que riñe por «cierta» manía persecutoria de ella.

¡Bah! –exclamó mi señora–. Según tú, la culpa de que las cosas vayan regular siempre es de las mujeres.

¡Claro! ¡No querrás que hable mal de mí mismo...!

Pero ella no me hizo caso y siguió aplicando el trapo a la mesa rectangular de pino que hay en el comedor, junto a la mesa donde suelo practicar el oficio de escribir. Luego repitió la faena en la superficie de un espejo colgado en la pared, y en la cornisa de mármol de la chimenea, y en la blanda superficie del sofá, y en la del oscuro mueble de la tele, y...

Salí otra vez a la terraza en busca de aire puro. Vi el cielo despejado; una brisa mecía dulcemente las copas de los árboles; el ruido de la ciudad se dejaba apenas sentir, como si le costara salir de su letargo nocturno; el chillido de golondrinas y gorriones llenaba la amplia bóveda celeste.

Di al cabo media vuelta y regresé al salón. Mi mujer ya no merodeaba por allí con su afán infinito de mantenerlo todo en orden.

¿Conchi...? –la llamé; pero no hubo respuesta.

Me encogí de hombros. «Se habrá ido a la cocina a darle nueva utilidad al mocho o a la bayeta», pensé. Y me instalé frente al ordenador. ¡Aquella historia me parecía entonces tan interesante de contar...!

Cuando... ¡Oh, sorpresa inenarrable!... vi en un ángulo de la pantalla la figura de mi adorada esposa... Mi Conchita del alma se había metido por no sé qué apertura dentro del ordenador y, sin que le temblara el pulso, aplicaba el paño a la superficie de cristal.

Pero... ¡Conchi!... ¿Qué haces ahí dentro...? –proferí, anonadado.

Por toda respuesta, me saludó alegremente con la mano, y siguió avanzando por la pantalla sin cesar de esgrimir el argumento de la bayeta limpiadora. Me froté incrédulo los ojos. ¡Aquello no me podía estar pasando a mí! Un ligero remordimiento me vino a la mente: «si de vez en cuando le hubiera echado una mano en eso de mantener limpia la casa, tal vez no me vería ahora en tan comprometida situación.»

Volví los ojos con la esperanza de que esta pesadilla hubiese concluido. ¡Pero allí continuaba mi mujer, persiguiendo a la suciedad metida en la pantalla del ordenador!

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